El “pollo decapitado”: cómo dejar de vivir con la cabeza en otra parte

El “pollo decapitado”:
cómo dejar de vivir con la cabeza en otra parte

El pollo decapitado: cómo recuperar la atención y la presencia

Hablaba con una de mis alumnas, pongamos que se llama Margarita, del coaching DAR sobre la Presencia, la Atención… y todas estas cosas, cuando ella me dijo que algunos actúan como “pollos decapitados”. Es decir, con el cuerpo en un sitio y la mente en otro.

«Entre esos “algunos” estoy yo», confesó abiertamente.

Y me contó lo que le pasó hace unos días.

La anécdota del bolso

Margarita dixit: Estaba en un acto de trabajo y, como iba con la mente en cualquier parte, dejé el bolso en la entrada. Un empleado que hablaba otro idioma intentaba devolvérmelo, pero yo, sin mirarlo, le daba las gracias y seguía mi camino. Hasta que murmuré:

—Pero qué personas más pesadas las de este país.

Mi compañero, que iba a mi lado, me hizo ver:

—Margarita, te está dando un bolso. ¿Es el tuyo?

Entonces me di la vuelta, reconocí mi bolso y solté un “¡Gracias!” “con la boca llena”, casi sin mirar al hombre que se había acercado corriendo.

Iba a lo mío, con la cabeza en cualquier parte. Mi “ego inflado” iba al mando y no presté atención a quien me llamaba. Cuando mi compañero me avisó, atendí a mi bolso, pero no a la persona que me lo devolvía. Ni siquiera ahora recuerdo cómo era: ¿alto, bajo, rubio, moreno? Solo recuerdo que me devolvió mis pertenencias. Di las gracias solo de boca, porque no recuerdo haberle mirado a los ojos.

Y entonces empecé a justificarme ante mi compañero:

—Nos traen de un lado para otro, no tienen en cuenta que somos seres humanos. Creen que somos cobayas. No me dio tiempo ni de tomar el bolso. Estoy cansada. No saben que soy madre y esposa y que tengo que atender también a mi familia.

Analizamos juntos aquel comportamiento y vimos cuatro señales del pollo decapitado.

Cuatro señales del pollo decapitado

  1. El ego inflado va al mando y agradece sin presencia. Uno va a lo suyo, con la cabeza en sus prisas, su cansancio y sus asuntos, y no presta atención a quien le llama. El mundo se reduce a uno mismo. Y así damos las gracias solo de boca, sin ver realmente a la persona, sin ser conscientes de a quién y por qué: andamos “decapitados”, sin Atención.
  2. Sin agradecimiento llega la queja. El pollo decapitado cae con facilidad en la queja sistemática, por todo y por todos: “nos traen de un lado para otro”, “estoy cansada”. Y quien vive así acaba siendo un recipiente de tristeza y mal humor del que los demás huyen, y no solo caminando: “escapan corriendo”.
  3. Buscar un culpable. Regresa el ego, que busca justificar y culpar a alguien, incluso a uno mismo. Margarita empezó a justificar su comportamiento atribuyendo su cansancio y su malestar a la empresa, a los jefes y a las obligaciones familiares.
  4. Lo que veo en el otro, ¿cómo lo hago yo? Cuando algo de otra persona te moleste y pienses que debería cambiar de actitud, vuelve a la respiración y pregúntate: ¿hay algo de eso en mi propia manera de actuar?, ¿por qué me afecta tanto? No siempre el otro refleja nuestros defectos, pero su comportamiento puede ayudarnos a descubrir nuestras propias reacciones, juicios y contradicciones.
    Margarita concluyó: “Actué como un pollo decapitado”.

Atención Agradecida

Yo le dije que nos pasa a todos. Que quizá solo el místico vive en Atención Agradecida de forma constante. Pero mantenerla el mayor tiempo posible es una meta hacia la que caminamos para no vivir como pollos decapitados. Si recuerdas el agradecimiento del que hablábamos en Las tres A… y la que falta, aquí encaja de lleno.

¿Cómo hacerlo?

La teoría es fácil, me dijo Margarita, al menos para mí, que me he “digerido” un montón de cursos y talleres. Pero la práctica es otra cosa.

Me vino a la memoria aquel verso de Shakespeare, en boca del rey Claudio en Hamlet, cuando intenta rezar y no puede: «Mis palabras suben volando, mis pensamientos se quedan aquí abajo; palabras sin pensamientos nunca llegan al cielo». Palabras sin vida no llegan al Cielo. La práctica es lo que las hace volar.

Prácticas para no decapitarse

Esto es lo que a Margarita le ha ayudado:

  • Empezar bien el día. Levantarse, como se dice popularmente, con el pie derecho. El primer pensamiento, con cuatro cualidades: positivo, alegre, concreto, consciente. Y enviarlo a los cuatro puntos cardinales.
  • Respirar conscientemente. Cuando uno se pierde, hacer al menos tres respiraciones conscientes. “Y mira que me pasa con frecuencia”, dice, “y siempre me ayuda”.
  • Orar. Para quien tiene religión, la oración sincera es muy práctica. Margarita, que es católica, dice jaculatorias con la respiración y, cuando se siente muy “decapitada”, recita despacio y consciente el padrenuestro, la oración del Maestro. Cada vez que te des cuenta de que andas decapitado, regresa con la respiración y, si usas jaculatorias o mantras, con ellos.
  • Reírse de uno mismo. El pollo decapitado es amigo íntimo del desánimo. Cuando pase, Margarita dixit: “Soy humana, he patinado, pero la vida me da otra oportunidad. Aquí estoy, hoy, ahora, presente. Empiezo de nuevo y devuelvo mi cuello a mi cabeza”. Y se lo dice con sentido del humor, aceptando que, provisionalmente, se ha convertido en pollo decapitado y que está dispuesta a dejar de serlo ahora mismo, no al segundo siguiente, sino en este preciso instante. ¿Por qué? Porque, dice, “me da la gana” de ser una Persona Presente.
  • Hacer lo pequeño con atención. Caminar con talón-punta, pisando firme y con atención. Lavarse los dientes, vestirse, comer, beber, peinarse… con atención y calma. Todo lo más sencillo y cotidiano.
  • Mirar a los ojos. Cuando hables con alguien, y sobre todo cuando des las gracias, mírale a los ojos. Y piensa algo positivo de esa persona: qué ojos lindos, qué mirada limpia, qué dulce es… Solo lo positivo.
  • Mirar al cielo. Con frecuencia, y decir: “Estoy aquí, soy parte de este maravilloso e inmenso Cosmos”. Si me despisto, regreso con la mirada al cielo, azul o nublado.

La Atención Agradecida es una puerta abierta a la Paz, a la Alegría. Es una siembra de color y Luz en el trabajo, en el hogar, en el cosmos al que perteneces.

Conclusión

Me quedé mirando a Margarita. Después de aquel diálogo la vi con luz, relajada, iluminada. La miré de nuevo a los ojos, a la cara. Parecía haber rejuvenecido varios años, más alegre, más despejada, más cercana.

Serán cosas mías. Pero, como diría Margarita: qué difícil es no actuar como un pollo decapitado.

Margarita es un personaje ficticio. Su historia puede ser la tuya, la mía o la de cualquiera de nosotros.

Este texto forma parte del material del curso Coaching DAR unit.

Despertamos, miramos con atención, discernimos y, finalmente, elegimos y actuamos.

Gumersindo Meiriño Fernández

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