Un miedo intenso

Un miedo intenso daba vueltas en mi cama…
Y entre sueños, rondaban fantasmas del pasado,
algunos hasta desconocidos, que se entremezclaban con el despertar
que minaban el despertar de la que podría ser una tranquila mañana de domingo
y que hoy, simplemente no quería arrancar en paz.
Que paralizante se vuelve el miedo.
Aclaremos que por un lado hay un miedo primitivo, realmente útil
natural a la preservación de la vida, valioso ante el accidente,
que acelera las reacciones y hasta parece que detuviera el tiempo
para tomar decisiones rápidas y a la vez correctas,
ahora, hay también una enorme cantidad de miedo fabulado…
urdido en la ignorancia, la culpa, la visión negativa,
la falta de confianza y optimismo…
es como una barrera que congelara y bloqueara caminos,
es una máquina de impedir
a veces hasta detona puentes que habíamos construido,
dificulta oír la menor intuición que tal vez quisiera susurrar algo en nuestro oído,
impide incluso seguir al corazón, que siempre sabe donde es mejor ir
para encontrar aquel oasis soñado, o encarar esa anhelada aventura,
para cambiar de trabajo, o para cerrar algo que ya solo hace daño y no sirve…
Un miedo intenso amanecía conmigo
de noche además, los fantasmas, parecieran crecer… se vuelven gigantes
como suele suceder cuando éramos niños, todo parece más grande.
Calle 13 y Rubén Blades, cantaban en La Perla, que “el hombre bueno no teme a la oscuridad”,
y me parece que eso en verdad es muy poco sincero, la oscuridad es sinónimo de ignorancia,
es lo que se desconoce y por tanto es absolutamente incierto,
es el abismo bajo el avión, los fondos en la profundidad de los lagos y mares,
la oscuridad es sinónimo de la muerte, a la que posiblemente,
y tanto, le temamos todos…
Un miedo intenso amanecía conmigo
hasta que, en un momento, semi despierto, abro los ojos
y una gran mancha oscura tapa la luz que entra por la ventana…
casi salgo de mi mismo del susto,
hasta que a gatas saco una mano de entre las sábanas para defenderme
y me doy cuenta,
que solo es un pliegue de la tela delante de mis ojos…
De noche los fantasmas crecen y los miedos se desbocan,
nuestros miedos irracionales, no son más que fantasmas desbocados
espacios sombríos no reconocidos
ignorancia que solo se disipa al iluminarla.
Como hacer a un lado el miedo? Como confrontar el miedo? Como impedir que lo tome todo?
Es un gran dilema…
La mente en primer lugar discierne entre lo fantasioso y lo genuino
y pone cada cosa en su debida casilla
la luz, la luz propia, que a veces puede ser incluso muy chiquita
como la luz de una pequeña veva, es incluso suficiente para poner luz al rincón más sombrío.
Entonces los fantasmas se espantan, y el cielo es todo mío.
Amaneció el día nublado y ventoso, por un momento creí que el miedo
se despertaría conmigo,
en cambio estaba solo y el miedo,
simplemente ya se había ido.
Texto e imagen de Alejandro Vaccari, desde san Carlos de Bariloche, Argentina.
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De Oriente a Occidente
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