La Educación, ¿Para qué Sirve?
La Educación, ¿Para qué Sirve?

Reduccionismo social: Producir y Consumir
La educación tiene como objetivo desarrollar un conocimiento suficiente que nos permita contemplar y experimentar nuestra plenitud como seres humanos, para tener autonomía, explorar y descubrir nuestros dones, y compartirlos con el universo que nos rodea. Muy lejos de lo que la sociedad quiere de nosotros, que reduce nuestro diccionario a dos verbos: producir y consumir.
El miedo al silencio y el vacío existencial
No hay lugar para la duda, para ver más allá de las cosas. No hay fe más que en productos que eluden ese silencio tan incómodo, precisamente el que plantea las preguntas más importantes a nosotros mismos. ¡Cuánto miedo hay en quedarse a solas con uno mismo en silencio! El vacío se llena con series, alcohol, discotecas, actividades, apps, relaciones pasajeras, conversaciones intrascendentes, objetos, sexo de descarga, y una sed incesante de espiritualidad prefabricada. Material sedante para el alma. No pienses, calla, produce y consume.
Un sistema educativo desequilibrado
Por lo tanto, en mi opinión, la educación sufre de una cojera impresionante. En vez de enseñarnos a caminar con nuestros pies, nos da muletas hechas a medida de otros para que caminemos por sus sendas de interés. En el sistema educativo se desarrollan formas de inteligencia muy bien, pero están sobrevaloradas y excesivamente hipertrofiadas, mientras que otras quedan atrofiadas.
Lo útil y lo esencial
Como resultado, obtenemos un desarrollo de la persona inarmónico, disonante, desigual, parcial e insuficiente para ver todas las capacidades de nuestro ser verdadero. Evaluamos competencias y contenidos al ritmo que nos dicta un sistema diseñado en la era industrial y llenamos de papeleo inútil el proceso educativo, perdiéndonos todo el gran espectro del ser y olvidando que el docente también es un alumno.
¿Y, el arte para qué sirve?
¿Dónde queda el arte, la belleza, las emociones, la música, la espiritualidad, la filosofía, el cultivo de nuestro ser verdadero? Soy el primer cojo rematado, pues nadie me ha enseñado cómo ver una puesta de sol sin sentirme algo culpable de no estar haciendo nada y pensar: «¿Y esto para qué sirve?».
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