De turista a peregrino: una invitación a vivir en el presente

Introducción del editor

En un mundo donde la comodidad y la rapidez parecen ser la norma, es fácil olvidar el valor de movernos por nuestros propios medios. Este texto explora la importancia de reconectar con el cuerpo y el entorno, optando por la sencillez en lugar de la conveniencia automática

De turista a peregrino con Rubén Bravo Prados, imagen del propio autor.

La desconexión del movimiento cotidiano

Cuando era pequeño me preguntaba por qué la gente cogía el coche para ir de un sitio a otro a menos de 2 kms en mi ciudad, al igual que cuando iba a la universidad y recorría los túneles del metro de Barcelona y veía a personas hacer cola para subirse a una escalera mecánica y dejarse transportar en silencio (con la mirada evitando encontrarse con otras), mientras yo subía cargado de pinturas y lienzos por las normales. Algo interior me las hacía rechazar y en ambos casos nunca me planteaba no usar mis propios medios, aunque fuera más lento.

El rechazo instintivo a la comodidad automática

Actualmente sigo pensando igual y siempre que puedo uso la bici para moverme por la ciudad, y en el metro a mi ritmo, peldaño a peldaño, bajo la mirada de los que suben transportados y sorteando a los que bajan. Considero poder caminar con mis propias piernas un don.

Caminar: un don que no apreciamos lo suficiente

Parecerá una tontería… ¿Buscar la incomodidad gratuitamente? Tal vez sí, pero a favor de lo que siento. Saber que mi propio cuerpo puede llevarme a recorrer la mayoría de lugares de este mundo es algo que agradezco inmensamente. También me da cierto vértigo saber que ahora mismo podría ir a donde quisiera sin saber realmente a dónde quiero ir.

El vértigo de la libertad sin dirección

De todos modos, el ser humano es un don, un don lleno de dones que tiene la capacidad de pensarse a sí mismo. Y eso es lo que nos da libertad de hacer lo que sintamos con lo que nos es dado para crecer.

El ser humano: un don lleno de posibilidades

Sentarse en la arena de la playa antes que en la comodidad de una silla para ver atardeceres, buscando nuestra propia manera de sentarnos, en contacto con lo que nos sostiene, me parece una buena metáfora para dejar de ser simplemente un «turista» de la vida y volvernos peregrinos en el presente.

Texto de Rubén Bravo Prados

Conclusión del editor

Al final, ser peregrinos en lugar de turistas nos permite experimentar la vida de manera más auténtica. Al elegir caminos menos cómodos, pero más conscientes, redescubrimos la libertad y el poder que habitan en lo cotidiano.

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