Cuento Budista: Honra tu Don

 Cuento Budista:  Honra tu Don

Maestro budista sentado junto a su aprendiz bajo un árbol

¿Cuál es mi don? ¿Cómo lo descubro?

Érase una vez, cierto día se encontraba un maestro budista haciendo sus labores cotidianas, cuando uno de sus aprendices se le acercó y le preguntó:

—Maestro, he estado reflexionando en mis meditaciones acerca de los «dones» que poseo, pero aún no logro saber cuál o cuáles de ellos vengo a desarrollar, o tengo que desarrollar.

El maestro lo miró con afecto y le hizo un gesto para que ambos tomaran asiento. Luego le respondió:

—Mi querido hermano, me preguntas qué «dones» te faltan desarrollar. Mi respuesta es ésta: los dones con los que nos dota el Buddha/Dios, comenzando por los más sencillos, son la Vida y la Salud.

El aprendiz respondió:

—Pero, maestro, sigo sin comprender…

El maestro lo miró con gran compasión y continuó:

—Hoy en día existe una interpretación errada de la palabra «don», y te diré lo mismo de la palabra «especial». Se nos ha inculcado desde fuera, se nos ha metido en la cabeza que, si no tengo «dones» o no soy «especial», no valgo, no existo, no soy.

Creemos que hay algo que debemos salir a buscar fuera de nosotros mismos, cuando en realidad lo único e irrepetible se encuentra en el hecho de SER nosotros mismos.

En la magnitud exacta en que Buddha/Dios nos creó, con virtudes y defectos, con la tarea de ir mejorándonos para nuestro bien y para el de los demás. Ése es nuestro propio don: el tuyo, el mío, el de todos y todas. Ése es el camino de la vida. Y es eso, en definitiva, es lo que nos hace especiales, únicos e irrepetibles.

Entonces, cuando me preguntas qué «don» aún no has desarrollado, te respondo con otras preguntas:

¿Eres mejor persona hoy que ayer?

¿Los cambios que has hecho en ti han mejorado tu forma de ser?

¿Esos cambios han hecho del mundo un lugar mejor para ti y para los demás?

Y a ti, querido lector, te pregunto:

¿Eres mejor persona que ayer?

Dedicado a mis grandes Maestros, Graciela, Horacio, Gumersindo, María, Nelly, María Ángeles, Hermana Lucrecia, Luis Miguel y Aleida.

Por Rocío Abril Viveros.

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