La Iluminación de Ignacio en Manresa
Desde la cueva de Manresa: En la fiesta de Ignacio de Loyola
Introducción:
Ignacio de Loyola experimentó un profundo cambio espiritual durante su retiro en la cueva de Manresa, donde vivió un intenso proceso de introspección y oración. Este tiempo de soledad y meditación fue crucial para el desarrollo de su capacidad de discernimiento y su visión espiritual

Manresa es una pequeña ciudad, no muy lejana a Barcelona. En la época de Ignacio estaba lleno de cuevas en las que se refugiaban eremitas, personas que se retiraban del mundo para hacer penitencia, orar, vivir de la limosna…
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Ignacio era un soldado, un oficial del ejército que había dado un giro a su vida de ciento ochenta grados. Abandonó todo y, sin saber muy bien dónde se metía, quiso ir a vivir a Jerusalén para estar más cerca de los lugares en los que habitó Jesús…, pero la vida, las circunstancias, las “causalidadades” le empujaron a pasar, once meses en una cueva de esta pequeña ciudad.
De la cueva a la iglesia a orar y participar en la liturgia, de la iglesia a la cueva. Con largos paseos al lado del pequeño río Cardoner y con mucho trabajo en su interior … Estos meses fueron, para Ignacio, como los del bambú japonés, (haz click aquí para conocer el bambú japonés) de crecimiento hacia dentro, echando raíces que se iban hacia lo más profundo de su ser, perforando su ego, su soberbia, su vanidad (muy vanidoso, según él mismo escribió), su fuerza física… y que luego le darían la firmeza y fortaleza para levantar, sostener y apuntalar la institución que, a buen seguro, es la que más ha influido a nivel espiritual y cultural en la cultura occidental: los jesuitas, la Compañía de Jesús.
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¿Qué pasó en ese tiempo de Manresa?

Muchas cosas. Resalto las que pueden ser más ilustrativas para el tiempo que vivimos.
Aquí recibió, Ignacio, en términos budistas, “la iluminación”. Empezó a ver la realidad –como diría el teólogo Melloni- con “luces largas” (en Argentina se dice luces altas). Un nueva visión de la realidad que miraba “más allá de las apariencias”, de los “espejitos de colores”, de lo inmediato. En ese estado descubrió el “discernimiento de espíritus” de forma práctica, en su meditación.
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Los jesuitas, “hijos espirituales” de esta experiencia son maestros en la iluminación de la realidad material, abriendo y descubriendo los nuevos caminos del mundo.
El santuario de la Cueva de Manresa es, hoy en día, un edificio gigante, llamativo, deslumbrante, fastuoso. En su corazón encierra la humilde gruta. Y creo que este edificio refleja bien el espíritu jesuita, tal y como yo lo veo.
Algunos son personas conocidas, importantes, grandes majestuosos influyentes en ámbitos diversos de la realidad cultural, social en todos los rincones del mundo y en la historia. El más llamativo, ahora mismo, es que el Papa, por primera vez en la historia, es un jesuita. Son semejantes a ese deslumbrante edificio que llama tanto la atención al llegar a Manresa.
Pero, a su vez, el “ejército de Ignacio” está formado por “soldados de paz”, sencillos, discretos, generosos, trabajadores, leales, valientes, humildes,…, que nunca nadie escribirá una letra sobre ellos en los anales de la historia. Pero son los que sostienen “los grandes santuarios”, de la cultura, de la espiritualidad, de la educación, de la sociedad, occidental y oriental. Pues ahora también “luchan” estos “ejércitos de paz” de forma eficaz en Oriente, en el corazón de Japón, de India y de otros lugares. Son los que simbolizan la cueva- caverna- gruta, extremadamente austera en la que horas pasaba horas de rodillas, orando, meditando.
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Firmo este escrito desde la antigua Misión Jesuita de Santo Tomé, Corrientes Argentina, al lado del río Uruguay. Del otro lado del río, está Sao Borja- Brasil, otra Misión de los Jesuitas. Desde aquí mi agradecimiento personal, -porque homenajes no tienen, ni quieren- a todos ellos, a todos los jesuitas, Un abrazo especial a mis amigos del alma, que como buenos “soldados”, luchan en el frente, y ahí “caerán de pie”, -algunos ya dejaron nuestro planeta- sin que nadie lo sepa, sembrando semillas para que el ser humano pueda “ver a Dios en todas las cosas; y en todas las cosas a Dios”, más allá de lo material; y “discernir” lo que estamos viviendo hoy, aquí y ahora.
“Soldados” austeros, sencillos, sabios, discretos, generosos, alegres…”jesuitas” que “nacieron” en el anonimato de una cueva, de una pequeña ciudad, llamada Manresa.
Conclusión:
La transformación interior de Ignacio en Manresa le dio las raíces para fundar la Compañía de Jesús, cuyo impacto sigue siendo significativo en el ámbito espiritual y cultural.
También hoy hay almas valientes y decididas, como esta,
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Gran escrito, Gracias por recordarnos, no olvidar a aquellos, que son la gruta. Paz y bien.