Regresar a la conciencia: cuatro caminos para aprender a mirar

Regresar a la conciencia: cuatro caminos para aprender a mirar

regresar a la conciencia

Aristóteles · Edmund Husserl · Edith Stein · Simone Weil

Lo que vamos a proponer es un poco atrevido, pero no importa, porque cumple su objetivo. Atrevido porque en tan pocas líneas no se puede hacer un estudio como merecen estos grandes autores de la historia. Pero, al mismo tiempo, cumple el objetivo de dar a conocer cómo la filosofía influye en la historia y cómo algunas personas, como las que hablamos hoy, cumplen el cometido de ser altavoces de momentos importantes de ella.

Así que, dicho esto, entremos en el vericueto con una breve introducción.

Introducción

En el mundo que nos ha tocado vivir —dicho sea de paso, una realidad maravillosa— estamos rodeados de estímulos. Miramos constantemente pantallas, recibimos información, respondemos mensajes y pasamos rápidamente de una tarea a otra. Sin embargo, estar permanentemente estimulados no significa necesariamente estar presentes.

Muchas veces quizás nos cuestionemos: ¿Podemos aprender a mirar, atender y vivir de otra manera?

Esta pregunta está en el corazón de El regreso de la conciencia, un nuevo encuentro del ciclo El Alba de la Conciencia.

Para intentar responderla con seriedad, ahí es donde empieza el atrevimiento: vamos a atravesar en unos minutos más de dos mil años de pensamiento.

Comenzaremos con Aristóteles, pasaremos por la fenomenología de Edmund Husserl, nos detendremos en Edith Stein y llegaremos finalmente a Simone Weil.

Son autores muy diferentes y de épocas totalmente diversas. No pertenecen a una misma escuela ni responden de la misma manera a la pregunta por la conciencia. Pero, si los ponemos en contacto, parece que son peregrinos que han recorrido distintas etapas y que desarrollan cuatro dimensiones fundamentales:

Percibir → experimentar → encontrarse → atender.

A través de ellas, podemos dar alguna respuesta —aunque limitada— a qué significa realmente regresar a la conciencia.

Cuatro autores, cuatro momentos de la historia del pensamiento

Para situar nuestro recorrido, conviene recordar quiénes son estos cuatro autores y en qué momento histórico desarrollaron su pensamiento.

Aristóteles (384–322 a. C.), filósofo griego de la Antigüedad clásica y discípulo de Platón, estudió de manera sistemática la naturaleza, el conocimiento, el alma, la ética y la vida humana. En De Anima encontramos una de las primeras grandes investigaciones filosóficas sobre la percepción, la imaginación y el pensamiento.

Edmund Husserl (1859–1938), filósofo alemán de finales del siglo XIX y primera mitad del XX, es considerado el fundador de la fenomenología. Su propuesta invita a volver a la experiencia tal como se presenta a la conciencia y a examinar la relación entre conciencia y mundo.

Edith Stein (1891–1942), filósofa alemana de origen judío, discípula y asistente de Husserl y posteriormente carmelita, desarrolló la fenomenología hacia una reflexión sobre la persona, la empatía, la interioridad y la vida espiritual.

Simone Weil (1909–1943), filósofa, pensadora y mística francesa del siglo XX, llevó su reflexión sobre la condición humana hacia cuestiones como el sufrimiento, la justicia, la atención, el bien y la relación con Dios. Su pensamiento convierte la atención en una auténtica disciplina interior.

No me había parado a pensar, pero son dos hombres y dos mujeres. El camino empieza siglos antes de Cristo y llegamos casi a nuestra época. Ahí es nada. Sigamos.

Cuatro autores separados por siglos, culturas y contextos muy diferentes.

¿Podemos establecer entre ellos un diálogo?

¿Cómo percibimos? ¿Cómo experimentamos? ¿Cómo encontramos al otro? ¿Cómo aprendemos a atender?

1. Aristóteles: aprender a percibir

Cuando hoy hablamos de conciencia solemos pensar inmediatamente en la mente, en el cerebro o en nuestros pensamientos.

Pero mucho antes de que existiera la psicología o la neurociencia, la filosofía ya se preguntaba qué significa percibir, imaginar, recordar y conocer.

En De Anima, Aristóteles estudia las capacidades que hacen posible la vida y presta una atención especial a la percepción sensible.

Una de sus formulaciones más conocidas sostiene que el sentido recibe las formas sensibles sin la materia.

La afirmación es profunda para la época en la que vive el autor. Aristóteles quiere señalar que cuando vemos un árbol no incorporamos físicamente el árbol dentro de nosotros. Recibimos su forma sensible.

La percepción, por tanto, no es simplemente una fotografía pasiva de la realidad.

Existe una relación entre quien percibe y aquello que es percibido.

Cuando vemos un árbol, no solamente hay un objeto delante de nosotros. Hay también una determinada manera de percibirlo.

Podemos contemplarlo.

Podemos ignorarlo.

Podemos reconocerlo como un árbol.

Podemos recordar otro árbol.

Podemos asociarlo con una experiencia de nuestra infancia.

La percepción está vinculada con toda nuestra vida.

Aristóteles nos recuerda así que nuestra relación con el mundo comienza antes de que formulemos un pensamiento consciente sobre él.

Percibimos. Imaginamos. Recordamos. Deseamos. Pensamos.

Y aquí aparece nuestra primera pregunta:

¿Estamos realmente atentos a aquello que percibimos?

Quizá regresar a la conciencia comience por algo tan sencillo como volver a mirar.

Práctica — Re-aprender a percibir: un ejercicio breve de anclaje sensorial: atender a un sonido, a la textura de un objeto o a la respiración antes de reflexionar sobre cómo filtramos la realidad.

2. Husserl: volver a la experiencia

Damos un salto gigantesco, incluso con permiso de muchos grandes pensadores de la historia. Siglos después, conocemos al padre de la llamada fenomenología, un alemán llamado Edmund Husserl.

La fenomenología propone volver a la experiencia tal como se presenta, antes de apresurarnos a explicar qué es.

En este sentido, Husserl desplaza el punto de partida respecto del racionalismo moderno iniciado por René Descartes. Descartes había buscado una certeza primera en la propia actividad del pensamiento:

«Pienso, luego existo.»

El cogito cartesiano sitúa la certeza de la conciencia pensante como punto de partida del conocimiento. Husserl, sin abandonar la importancia de la conciencia, propone dirigir nuevamente la atención hacia la experiencia misma y hacia aquello que se manifiesta en ella.

La cuestión deja de ser solamente:

¿Qué puedo afirmar con certeza desde mi pensamiento?

para convertirse también en:

¿Cómo se presenta aquello que experimento ante mi conciencia?

No se trata de negar la razón ni de rechazar las explicaciones científicas. La pregunta es diferente:

¿Cómo vivimos aquello que vivimos?

Cuando vemos un árbol no tenemos delante únicamente un objeto físico.

Lo vemos desde una determinada perspectiva.

Lo reconocemos.

Podemos recordar algo.

Puede despertar una emoción.

Podemos contemplarlo o pasar delante de él sin prestarle atención.

La fenomenología nos invita a detenernos precisamente ahí.

Husserl utiliza una expresión que se convertiría en uno de los lemas de la fenomenología:

«¡A las cosas mismas!»

No significa simplemente observar objetos.

Significa volver a aquello que aparece en nuestra experiencia y tratar de describirlo con mayor atención, antes de cubrirlo inmediatamente con nuestras interpretaciones y explicaciones.

La intencionalidad

La conciencia no permanece encerrada en sí misma.

Está siempre dirigida hacia algo.

Percibo algo.

Recuerdo algo.

Deseo algo.

Temo algo.

Pienso en algo.

La conciencia se encuentra permanentemente en relación con el mundo.

Por eso Husserl nos ayuda a formular una segunda pregunta:

¿Cómo aparece el mundo ante nuestra conciencia?

No solamente qué es el mundo, sino cómo lo experimentamos.

¿Qué ocurre cuando sentimos miedo?

¿Cómo aparece un recuerdo?

¿Qué sucede cuando prestamos atención?

¿Qué diferencia existe entre mirar algo y realmente contemplarlo?

La fenomenología nos invita a detenernos ante estas preguntas.

Y en una época acostumbrada a responder rápidamente, detenerse a mirar la experiencia ya constituye una forma de transformación.

Esta forma de pensar ejercerá una profunda influencia en otros grandes autores y pensadores que vivirán las décadas marcadas por las dos guerras mundiales y sus consecuencias. La fenomenología de Husserl abrirá un amplio campo de investigación y entrará en diálogo con distintas corrientes filosóficas, entre ellas el existencialismo y el personalismo.

En un mundo profundamente marcado por la crisis, la violencia y la transformación social, estas corrientes volverán a plantear preguntas fundamentales sobre la existencia, la libertad, la persona, la responsabilidad y el sentido de la vida.

Y en medio de este tiempo convulso aparece una pensadora que llevará la fenomenología hacia una pregunta profundamente humana:

¿Cómo encontramos verdaderamente al otro?

Así entramos en el pensamiento de Edith Stein.

Práctica — Observar la vivencia: espacio para observar cómo interpretamos lo que nos rodea. Distinguir entre «lo que sucede» y la narrativa o juicio que construyo sobre lo que sucede.

3. Edith Stein: encontrarnos con la persona

Aquí aparece una figura especialmente interesante: Edith Stein.

Stein fue discípula y asistente de Husserl y desarrolló la fenomenología en una dirección propia, especialmente en torno a la persona, la empatía y la vida interior.

Su obra nos permite dar un paso que resulta fundamental.

Hasta ahora hemos hablado de nuestra relación con el mundo y de nuestra propia experiencia.

Pero ¿qué sucede cuando delante de nosotros no hay solamente una cosa, sino otra persona?

En Sobre el problema de la empatía, Stein estudia cómo podemos reconocer la experiencia del otro sin confundirla con nuestra propia experiencia.

Si alguien sufre, yo no puedo experimentar exactamente su dolor como esa persona lo experimenta.

Y, sin embargo, puedo reconocer que está sufriendo.

Puedo acercarme a su experiencia.

Puedo dejar que su presencia me afecte.

La empatía introduce así una dimensión nueva:

La conciencia no solamente percibe el mundo; también se encuentra con otras conciencias.

Esto transforma nuestra pregunta.

Ya no se trata únicamente de:

¿Cómo veo el mundo?

Sino también:

¿Cómo veo al otro?

Y todavía más:

¿Soy capaz de encontrarme verdaderamente con la persona que tengo delante?

La reflexión de Edith Stein sobre la persona permite además profundizar en la relación entre cuerpo, psique y espíritu, evitando reducir la experiencia humana a una sola dimensión.

La conciencia no aparece entonces como una especie de mecanismo aislado.

Estamos ante una persona situada en un cuerpo, con una vida interior, relacionada con otras personas y abierta a un mundo de significado.

Aquí encontramos una tercera clave:

Regresar a la conciencia significa también recuperar la capacidad de encontrarnos verdaderamente con el otro.

Práctica — La presencia ante el otro: ejercicio de escucha activa o mirada sostenida en parejas, trabajando la empatía sin pretender «resolver» ni juzgar la experiencia del compañero.

4. Simone Weil: aprender a atender

Y llegamos a Simone Weil.

Después de percibir, experimentar y encontrarnos con el otro, aparece una cuestión decisiva:

¿Sabemos realmente atender?

Estamos acostumbrados a entender la atención como una capacidad mental que nos permite concentrarnos en una tarea.

Para Simone Weil, la atención posee una profundidad mucho mayor.

En sus Reflexiones sobre el buen uso de los estudios escolares con vistas al amor de Dios, escribe:

«La atención, en su grado más alto, es lo mismo que la oración.»

La afirmación resulta sorprendente.

La atención no consiste simplemente en concentrarnos más.

Para Weil, atender significa también hacer espacio.

No imponer inmediatamente nuestra respuesta.

No llenar el silencio con nuestras propias ideas.

Aprender a permanecer ante aquello que tenemos delante.

Por eso relaciona la verdadera atención con una actitud de espera.

La atención auténtica no consiste únicamente en esfuerzo.

También consiste en aprender a recibir.

Y aquí nuestra pregunta inicial adquiere una nueva profundidad.

No se trata solamente de preguntarnos:

¿En qué estoy pensando?

Sino:

¿A qué estoy prestando atención?

Y todavía más:

¿Qué está formando mi atención?

Porque nuestra atención no es neutral.

Aquello a lo que prestamos atención va configurando nuestra experiencia.

Práctica — La atención vacía/disponible: un momento de silencio contemplativo, experimentando la atención no como un esfuerzo o tensión mental, sino como un «hacer espacio» y una inclinación receptiva.

Cuatro caminos, una misma pregunta

Aristóteles, Husserl, Edith Stein y Simone Weil pertenecen a épocas y tradiciones diferentes. No forman una misma teoría, pero sus pensamientos pueden entrar en diálogo y ofrecernos un recorrido:

Percibir. Experimentar. Encontrarse. Atender.

Cuatro maneras de aproximarnos a una misma realidad: nuestra relación consciente con el mundo, con los demás y con nosotros mismos.

Pero después de este recorrido queda una pregunta que ninguna teoría puede responder por nosotros:

¿Qué hacemos con nuestra conciencia?

La filosofía nos ha enseñado a preguntar. La fenomenología, a mirar la experiencia. Edith Stein, a reconocer al otro. Simone Weil, a descubrir en la atención una forma de apertura.

Ahora nos corresponde volver la mirada hacia nuestra propia vida.

Quizá regresar a la conciencia no signifique regresar a un lugar que alguna vez abandonamos.

Quizá signifique aprender nuevamente a estar presentes en aquello que vivimos.

Y entonces la antigua invitación socrática a examinar la propia vida adquiere una nueva actualidad:

¿Dónde está mi atención cuando no estoy eligiendo conscientemente dónde ponerla?

Tal vez observar la respuesta sea ya un primer ejercicio de conciencia.

El regreso de la conciencia comienza, quizá, cuando volvemos a estar presentes.

Como colofón

Como colofón quería citar a un Maestro de la Atención y de la conciencia : Jesús de Nazaret.

«Estad atentos y vigilad» (Mc 13,33).

Y también: «Mirad cómo crecen los lirios del campo» (Mt 6,28).

Dos invitaciones aparentemente sencillas: estar atentos y aprender a mirar.

Quizá regresar a la conciencia sea, también, aprender de nuevo a mirar.

Obras de estos autores para consultar

Aristóteles — De Anima (Acerca del alma): percepción, imaginación, memoria, pensamiento y vida psíquica.

Edmund Husserl — Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica (Ideas I): conciencia, experiencia e intencionalidad.

Edith Stein — Sobre el problema de la empatía: experiencia del otro, empatía y encuentro interpersonal.

Simone Weil — La gravedad y la gracia: atención, interioridad, sufrimiento, bien y apertura a la trascendencia.

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