¿Por qué y para qué existimos?
La Búsqueda del Sentido y la Misión Personal

«Un viaje hacia el propósito, la plenitud y la conexión con el sentido profundo de la existencia»
Algunas Hermanas Preguntas
¿Qué tal, amiga? ¿Qué tal, amigo de vida y teología?
Hay una serie de palabras que vienen rondando mi mente a través de personas que se acercan, que preguntan, que consultan, que hablan, y qué creo que son importantes, fundamentales a la hora de adquirir una plenitud en la vida del ser humano. Se trata de las siguientes: ¿Tiene cada ser humano una misión? ¿Un propósito? ¿Existe el destino en la vida de cada uno? Y ¿qué papel, qué protagonismo juega ese destino?
El Sentido de la Vida
Ciertamente, la vida del ser humano tiene sentido. Todos estamos aquí por algo y para algo, porque si no, sería caer en el absurdo. Si además tenemos un concepto de la vida o una visión de la existencia en la que no caemos de casualidad en el planeta Tierra, sino que hemos sido convocados, llamados para algo, para alguien, lo que a nivel religioso se dice vocación. Eso da un nuevo aire, un nuevo oxígeno a la existencia del ser humano.
La Duda Existencial
Pero si tuviéramos que concretar algo más. Se sienta delante mío y me dice: «Yo no sé para qué vivo, la verdad, no sé qué sentido tiene mi vida. Yo me levanto, trabajo, vuelvo a acostarme, veo la tele, hago automáticamente gran parte de las cosas de cada día, y al final, cuando me pregunto cuál es el propósito de mi vida, no lo sé». Quizás esperamos una respuesta espectacular, una respuesta que tenga que salir en los noticieros o en YouTube, y ser importante, pero esto no es así.
La Misión Discreta
El ser humano viene al planeta Tierra a realizar una misión que es discreta, que le llena, que le hace pleno y que no tiene eco a nivel social o publicitario, sino que es algo que va por dentro, que va hacia adentro y desde ahí sale hacia afuera. Cuando uno empieza a dar, yo creo que la palabra que da sentido, orientación, plenitud a la misión, a la vocación o al propósito, como ustedes quieran llamarlo, de cada vida.
El Método DAR
Es… ésta: DAR. En la medida en que yo me doy, doy lo que tengo dentro. En la medida que doy a los demás lo que hay en mi corazón, lo que hay en lo más profundo de mi ser, eso se convierte como en una semilla que produce fruto. Y no sólo fruto a las personas a las que doy, sino, sobre todo, fruto, flores, color, sabor en mi vida, en mi existencia. Y me hace más pleno, más completo, si quieren, más feliz, más alegre.
El Gran Peligro
Mientras que, en la medida en que me encierro en mí mismo, me colapso e intento que mi vida sea un espectáculo lleno de éxito hacia las pantallas exteriores de las apariencias, nuestra semilla cae en tierra dura, en piedra, y entonces parece que no tiene sentido, que no tiene orientación, que no tiene propósito. Sí lo tiene: aprende a dar, aprende a servir, y ya verás como los frutos y las flores, colores y sabores de tu existencia se tornan distintos.
Una Nueva Visión
Y empiezas a tener una nueva visión de tu vida, de lo que vienes a hacer aquí al planeta Tierra, en un tiempo muy limitado, muy corto. Paz y bien. Paz y alegría hasta dentro de siete días.
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