Una historia de bolsillos vacíos y corazones llenos
Buenos días.
Mientras en la televisión los políticos hablan de cosas que nada me solucionan, me escapo y vuelvo a San Horacio, un paraje olvidado en el noreste de Corrientes, donde siete angelitos me besaron el alma.
Esta historia de bolsillos vacíos y corazones llenos, la viví en la escuela hogar 313 Lapachito.
Ellos sabían que íbamos, y nos recibieron con sus sonrisas de nubes blancas y sus corazones al descubierto. Nosotros llevamos cosas y ellos nos dieron amor, les obsequiamos juguetes y nos regalaron abrazos y besos. Nosotros lo hicimos a conciencia, con esfuerzo, amor, ellos todo lo hacen desde el amor. Una torta y par de horas bastaron para recibir cien veces más de lo que llevamos. Descargamos los regalos y mercaderías que llevamos, y ellos nos cargaron con su cariño, su amor y su sencillez. Recibí el afecto puro y espontáneo en la misma medida que una trompada a la conciencia.
El regreso fue en silencio, con el alma renovada y el corazón herido. Nosotros con nuestro aporte tratamos de paliar algunas de sus necesidades, pero el contraste con esta realidad, me produce un sensación de impotencia y, a la alegría del momento compartido, me invade la angustia por la dureza con que la vida trata a esos angelitos.
Pienso, ¿se abrirá la vida generosa en algún momento con Santino, Yuli, Estefanía y los demás?
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Los locos bajitos todo lo hacen de corazón, ellos no especulan, son todo sentimientos y sangre. La razón que los moviliza es la inocencia, ellos te besan cuando quieren, así como lloran cuando algo, que no pueden afrontar, les molesta. Son directos, básicos, simples, ¡admirables!.
Ellos no son conscientes de lo poderosos que son.
Nosotros, los adultos, no atinamos a comprenderlos, es porque nosotros perdimos la inocencia, y por tanto, perdimos la razón.
Bendiciones
Texto e imágenes colaboración de Horacio J. Abril.
La primera los restos que quedaron de la tarta que recibieron los niños de la Escuela «Lapachito».
La segunda imagen del acceso lateral de la Catedral de Quito, Ecuador
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Gracias Horacio por compartir esta experiencia sin mucho que agregar . Si pasáramos más tiempo con ellos quizás… No sé volver a aprender más de ellos . Gracias