Mi viejo y noble naranjo
Buenos días.
Con la generosidad que sólo la Pachamama puede brindarnos, salí a mi pequeño patio y fui sorprendido por la exquisita fragancia de los azahares de mi viejo y noble naranjo.
Cuando compramos la casa ya estaba, me miró fijamente, cuando hice el quincho, pero luego se dio cuenta que su vida mucho me importó y me importa. El, muy añoso ya, me invita todos los inviernos sus frutos. Entre sus brazos, le da vida a orquídeas que, para no ser menos, también lo engalanan con sus flores.
El principio del fin se nota en cada rama que queda sin follaje, pero estoico y obstinado, hace gala de su valentía, se cubre de azahares y me hace una promesa en silencio, mientras contemplo tanta belleza, el me dice que el próximo invierno estará presente en mis desayunos y meriendas. Le hago una reverencia y no puedo evitar emocionarme, al saberlo enfermo pero lleno de vida y dispuesto a pelear hasta su último aliento para cumplir con su objeto en ésta vida.
¡Qué ejemplo de coraje!
***
Muchas veces cometí el error de buscar detalladamente el lugar y hora perfecta para gozar de la naturaleza.
Nada menos natural. Puesto que no se trata de planes sino vivencias, se trata, en todo caso, de dejarte llevar por el entorno. Así, la calidez del sol, el reparo de una sombra y una brisa fresca, conforman uno de los tantos cócteles de armonización, el resto lo pones tú, calla, observa, escucha, siente con todo tu ser.
Lo puedes hacer hoy mismo, en tu balcón o el jardín, es solo cuestión de actitud.
Bendiciones.
Texto e imágenes colaboración de Horacio José Abril.
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¡Y que ricas naranjas!