Mi querida Estambul, ciudad de PAZ

Los cantos que llegan de los minaretes inundan la Plaza de Sultanameht, en pleno centro de Estambul (en otro tiempo la gran Constantinopla).
Nos sentamos. Sentí paz, serenidad, tranquilidad, equilibrio…, todo eso parece esta plaza, en la que conviven historias de musulmanes y cristianos, anteriormente, tiempo pasado, removidos por guerras y pactos de paz. Pero allí, este año –pero, ¡qué importa el año!, se respira paz, paz, paz….
Sentados en aquellos bancos, con algunos mansos perros alrededor, miles de turistas de distintos países, con crisol de razas, culturas, religiones…., desde lo alto de la Mezquita azul, de la Catedral de Santa Sofía, –ahora también mezquita–, escuchamos, agarrados de la mano, los cantos llamando a la oración. Llamados a la oración mezclados con los de los pajaritos, con el suave murmurar del viento entre los árboles, del variopinto saludar en los múltiples idiomas que hablamos los humanos, con muchos niños y niñas pequeñas riendo con ganas, con papás que sonríen orgullosos mirando a sus pequeños…., es una plaza para la Paz, para la Paz en el mundo, en las culturas, en las religiones….
Estambul es el paso de Asia a Europa, de Europa a Asia, es el puente que tiene que seguir abierto.
Me cuentan lo del atentado. Duele. Duele. Pero por poco tiempo, porque la Paz es posible, está más cerca que nunca, por eso le dan estos ataques a la desesperada. La Paz está llegando a los corazones humanos, por eso todavía quedan kamikaces de la guerra dispuestos a dar la última o penúltima cornada.
En esta ocasión tampoco ganará la guerra, sino la paz.
Me duele Estambul, me duelen las lágrimas de dolor…, pero ya, por poco tiempo, porque nos levantamos para sembrar paz, paz, paz…., ese agua límpida y pura que se extiende sin ruido y sin lamentos entre las rocas y las arrugas del odio y de la venganza.
Me duele Estambul, pero por poco tiempo, porque cuando me senté en los bancos de Sultanameth, me di cuenta de que los ríos de la Paz ya invaden, poco a poco, los corazones humanos, lenta, silenciosa, discretamente.
Me duele Estambul pero por poco tiempo, porque ya llega la Paz.
Estambul no te teme, hermano terrorista.
Estambul no te teme, solo eres una aguja en el pajar, que hace mucho ruido, pero nada más.
Ese silla, esos bancos… de tu plaza Estambul, nunca quedarán vacíos, nunca, ahí se sienta la PAZ.
Mi querido Estambul sigues siendo ciudad de Paz, ahora, hoy, a pesar de las apariencias, más que nunca.
NB: Este texto fue escrito, unas horas después de que unas crueles bombas, fueron puestas en esa Plaza de Sultanameh.
Vídeo desde San Antonio de Kilisesi en Estambul, Turquía.
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