Fábula japonesa de los niños con el bulto en la frente

Papá con su hijo en el campo. Imagen de Adriana Avico

Fábula japonesa los niños con el bulto en la frente

En un país lejano nacieron dos niños, a la misma hora y en el mismo día. Los dos pertenecían a dos familias muy humildes de una pequeña aldea. Los dos nacieron con un mismo defecto, ambos tenían un gran bulto en la frente

Uno pertenecía a la familia Tse. Esta era soberbia y altanera. Se sentían superiores y los demás, miraba a los otros por encima del hombro y les gustaba llamar la atención.

El otro pertenecía a la familia Yung. Esta era humilde, sencilla, compasivos y atentos entre sí y con las demás familias del pueblo.
La reacción de ambas familias ante el nacimiento de un nuevo miembro fue totalmente dispar.

La familia Tse lo consideró una desgracia. No podían entender cómo un miembro de una familia tan noble, tan maravillosa podía tener entre sus miembros a alguien con semejante defecto. Intentaron por todos los medios sacárselo, acudieron a todo tipo de médicos y curanderos, pero fue imposible. La familia Tse estaba destrozada. La desgracia que les había llegado les tenía apesadumbrados.

En el otro lado del pueblo, la familia Yung acogió al nuevo miembro con alegría y amor. Se dijeron a sí mismos, “este bebé, debido a su defecto físico, va a necesitar más amor que ninguno de los otros, tenemos que ayudarlo y mimarlo para que crezca sano y fuerte física y mentalmente”. Así que lo educaron con el mayor amor posible y con el cariño y la aceptación de todos los demás. Le hacían ver qu él era importante, y su defecto físico no tenía porque avergonzarlo, todo lo contrario, lo hacía distinto y único.

Y los niños fueron creciendo…

Tse creció sintiéndose muy desgraciado. Su familia se avergonzaba de él y siempre pretendían ocultarlo. Cuando iba con ellos le cubrían la frente intentando tapar la pertuberancia lo cual le hacía avergonzar más. Tse era una persona triste y taciturna a la que nadie podía acercarse..Yung creció como un niño normal. Sus compañeros y vecinos se burlaban de su chichón. Pero al sentirse aceptado por su familia y por sus amigos, él apenas prestaba atención a las burlas. Incluso bromeaba con ellos sobre su defecto y terminaba riéndose de si mismo con sus compañeros. Estos terminaron aceptando a Yung tal y como era y se fijaron más en su carácter afable, siempre alegre y sonriente que en su aspecto físico.

Con el paso del tiempo Yung se transformó en un joven curioso y alegre; osado y aventurero.
Con el paso del tiempo Tse se convirtió en una persona amargada, triste y maldecía suerte, por haber nacido así.

Los magos del bosque

Un buen día Yung dando un paseo por el bosque se perdió y tuvo que dormir al descampado. En medio de la noche escuchó un ruido de fiesta. Se acercó cautelosamente y observó a lo lejos a un grupo de seres extraordinarios bailando y riéndose en torno a una fogata. Se trataba de unos magos. Los magos del bosque.

Yung sintió cierto desasosiego, pero al ver que estaban tan alegres, se contagió y se puso a bailar, con ellos, en medio del bosque. Cuenta la fábula que los magos al verlo bailando y alegre, como un más entre ellos se sintieron halagados. Bailaron y rieron con Yung toda la noche, hasta el día siguiente. Cuando Yung se despidió, ellos le habían tomado tanto cariño que determinaron quedarse con algo suyo, decidiendo tomar su chichón de la frente diciendo: “nos quedaremos con él para que vuelvas a bailar con nosotros”. Yung regresó al pueblo sin la marca con la que había nacido. Todos quedaron asombrados. Yung contó todo lo que había pasado.

Entonces Tse, pensó que podía hacer lo mismo, pidió las ropas a Yung para hacerse pasar por él y se internó en el bosque. Al anochecer escuchó la fiesta. Se acercó y se puso a observarlos esperando que en cualquier momento le quitarían el chichón. Pero Tse ni bailó ni compartió la gran fiesta de los magos. Esperó y esperó para que se quedaran con su defecto, con su chichó. Mientras los magos del bosque le invitaban a bailar pero él no tenía ganas de hacerlo. Solo quería perder su chichón para siempre.

Cuando amanecía uno de los magos se le acercó y le entregó un nuevo chichón a Tse diciendo: Es hora de que te vayas, toma un nuevo chichón y no regreses.

Cuenta la fábula japonesa que Tse regresó a su aldea con dos chichones en la frente.

Desde entonces todos aprendieron que la alegría y la generosidad atraen sucesos maravillosos.

Por el contrario, la ira y el egoísmo solo atraen al mal y la soledad.

Hasta aquí la fábula japonesa

Moraleja: Hay varias moralejas, en esta fábula japonesa. Tú sabrás cuál es la que más te “toca” el corazón.

Yo solo te digo una cosa: ¿A quién te pareces más? ¿Eres Yung o eres Tse?

Paz y Bien

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