Amo a mis hijos, pero odio la maternidad
Amo a mis hijos, pero odio la maternidad: ¿una paradoja sin solución?

El título de una librería
Hace un tiempo, vi en una librería el título de un libro que me llamó mucho la atención. Pensé inmediatamente que era algo fuerte… o quizás, muy fuerte.
Luego, al detenerme a pensar en lo que decía la portada de aquel libro, me pareció una situación real. De ahí que, en seguida, lo comenté con algunas madres que empezaban a manifestar quejas constantes sobre sus hijos.
—Acabo de ver un libro que se titula “Amo a mis hijos pero odio ser mamá” —les dije—. ¿Qué te parece el título? ¿Estás de acuerdo? ¿Es real?
En muchas ocasiones me miraron sorprendidas. Otras veces, simplemente guardaron silencio.
Un artículo de la BBC
Meses después, una de ellas me reenvió un artículo de BBC Mundo titulado:
«Sientes que estás en una trampa de la que no puedes escapar»: las mujeres que se arrepienten de ser madres, pero aman a sus hijos.
Lo leí con atención. Y destacaría dos cosas.
La primera: que es un tema real, actual, incluso presente en el mundo del cine, donde ya ha sido llevado a la gran pantalla.
La segunda: la fuerza de los testimonios recogidos.
Testimonios
Carmen adora a su hijo de 10 años, pero si pudiera retroceder en el tiempo, afirma que no habría elegido ser madre.
“La maternidad me ha arrebatado la salud, el tiempo, el dinero, la fuerza y el cuerpo. El precio es demasiado alto y las consecuencias son permanentes.”
Esta maestra, de unos 40 años, forma parte de una comunidad poco visible de mujeres que se arrepienten de haber sido madres. Un arrepentimiento que rara vez se expresa abiertamente.
Las mujeres que participaron en el artículo accedieron a hablar solo bajo condición de anonimato, por miedo a ser juzgadas y porque, en muchos casos, sus propias familias desconocen estos sentimientos.
Cuando Carmen expresó su vivencia en un foro, algunas personas la comprendieron. Otras, en cambio, reaccionaron como si fuera “un monstruo”.
Testimonio de Amelia (1940)
Luis me cuenta el caso de una mujer de los años 40, a quien llamaré Amelia.
Decía algo que hoy sigue resonando:
—Me arrepiento de haber tenido hijos. No de casarme, porque tu abuelo es un hombre bueno. Pero sí de tener hijos.
Su hija le preguntó:
—¿Tus hijos fueron malos?
—No, mis hijos son buenísimos los tres. Pero no sabes lo que he sufrido por ellos… Y más aún, ya sabes lo que pasó: mi hijo mayor, el más inteligente, desapareció al comenzar la guerra. Nunca más supe de él.
Y concluyó:
—Si volviera a nacer, no tendría hijos. Por nada del mundo.
¿Por qué duele esta paradoja?
Desde mi punto de vista, estamos ante una situación profundamente paradójica.
El instinto maternal, junto con la presión social, familiar, cultural e incluso religiosa, parece imponer a la mujer la idea de que debe ser madre.
Pero, visto lo visto, cabe preguntarse:
¿No será lógico, hoy en día, decidir no ser madre?
¿Es realmente extraño que una mujer elija formar pareja y no considerar la maternidad?
Y pensemos que lo que decimos de la maternidad es, mutatis mutandis, aplicable también a la paternidad.
Lo que dice la sociología
Según el artículo citado, la socióloga israelí Orna Donath entrevistó a 23 madres que subrayaban una diferencia fundamental: su arrepentimiento por la maternidad no anulaba el amor hacia sus hijos.
Muchas se sentían defraudadas porque la realidad no coincidía con la imagen idealizada que la sociedad les había transmitido.
“Me arrepiento de haber tenido hijos y de haberme convertido en madre, pero amo a los hijos que tengo… No querría que no estuvieran aquí, simplemente no quiero ser madre.”
¿Una contradicción?
Suelo dialogar con personas que afirman cosas como:
“No se puede decir amo la natación pero odio mojarme.”
“Me encanta hacer el Camino de Santiago, pero odio caminar.”
“Me gusta subir al piso 45… pero odio las alturas.”
Solemos pensar que quien ama algo debería aceptar todo lo que conlleva.
Pero, al mismo tiempo, aunque a primera vista pueda parecer una contradicción difícil de sostener, la experiencia humana no siempre es lineal ni lógica.
El corazón puede amar profundamente… y, al mismo tiempo, sentirse desbordado, cansado o incluso herido por lo que ese amor implica.
Posibles caminos para habitar esta realidad
No hay soluciones simples, pero sí caminos que pueden abrir comprensión:
Dar al hijo en adopción
Puede parecer una salida lógica, pero es una decisión compleja y profundamente dolorosa para ambas partes.
Desidealizar la maternidad y hablar sin culpa
Nombrar lo que se siente puede ser un primer paso hacia la verdad.
Y cabe preguntarse: ¿está idealizada la maternidad y la paternidad?
Acompañamiento emocional
Terapias y grupos de apoyo pueden ayudar a integrar estos sentimientos sin culpa.
Formación emocional previa
Así como existen cursos de parto, sería necesario hablar abiertamente de la pérdida de autonomía, el cansancio o la posible decepción.
Aceptar la ambivalencia
Quizás no haya que resolver la paradoja, sino comprender que los sentimientos contradictorios también forman parte de lo humano.
Y para terminar…
Quizás no estemos ante una paradoja que haya que resolver, sino ante una realidad que necesita ser escuchada.
Porque el ser humano es capaz de amar profundamente…
y, al mismo tiempo, sentir el peso de aquello que ese amor implica.
¿A ti qué te parece? ¿Estás arrepentido/a de ser o de no ser padre o madre?
¿Tú qué propondrías?
¿Ya conoces nuestro canal de YouTube? ¡Suscríbete
Otra reflexión sobre la maternidad, cuando mamá lastima, basada en un libro con ese título,


