Día 3 Novena Virgen de la O: ¡Oh Adonai!
🌟 Novena de la Virgen de la O
Día 3 — ¡Oh Adonai!
Aprender a confiar y dejarme conducir

✨ Comenzamos el camino
Segunda O: «¡Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y le diste tu Ley en el Sinaí: ven a librarnos con el poder de tu brazo».
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Coloca delante de ti la imagen de María, la Virgen de la O, la semilla y la vela.
Enciende la vela y, si lo deseas, comienza diciendo:
En presencia de mi Ángel de la Guarda, bajo el amparo de María, la Virgen de la O, continúo este camino de nueve días.
Ayer aprendíamos que no necesitamos comprenderlo todo para poder confiar.
Hoy damos un paso más:
aprender a confiar hasta dejarnos conducir.
Porque una cosa es decir que confiamos y otra muy distinta es soltar el control.
Queremos saber.
Queremos decidir.
Queremos anticiparnos a lo que pueda ocurrir.
Queremos tener preparado el camino antes de comenzar a caminar.
Y muchas veces confundimos seguridad con control.
Pero hay momentos en los que la vida nos invita a hacer algo diferente: dejar espacio para ser conducidos.
La segunda Antífona de la O comienza con una palabra profunda:
Adonai.
Es una palabra hebrea que significa Señor. En la tradición bíblica se utiliza como una forma reverente de dirigirse a Dios.
Esta Antífona se dirige a Cristo, reconociéndolo como el Señor que guía a su pueblo, y recuerda la historia de Moisés, llamado por Dios desde la zarza ardiente.
Moisés tampoco tenía todas las respuestas.
No sabía cómo sería el camino.
No sabía todo lo que tendría que afrontar.
Pero recibió una llamada.
Y tuvo que decidir si confiaba.
Quizá hoy nos encontramos muchas veces en una situación parecida.
Sabemos que algo tiene que cambiar, pero no sabemos cómo.
Sentimos que debemos avanzar, pero no vemos con claridad hacia dónde.
Intuimos que ha llegado el momento de dejar algo atrás, pero todavía tenemos miedo de dar el paso.
Y entonces aparece la tentación de querer controlar cada detalle.
Pero la fe nos propone otro camino:
«Adonai, Señor, no conozco todo el camino, pero confío en que puedes conducir mis pasos.»
María conoció también esta forma de confianza.
Ante el anuncio del ángel no recibió todas las explicaciones.
Recibió una llamada.
Y respondió con disponibilidad.
No controló el futuro.
Se entregó a él, diciendo:
«He aquí la servidora del Señor; hágase en mí según tu Palabra.»
Quizá eso sea lo que hoy necesitamos aprender.
No se trata de abandonar nuestra responsabilidad ni de dejar de tomar decisiones.
Se trata de reconocer que no todo depende de nosotros.
Hoy puedes preguntarte:
¿Qué estoy intentando controlar que necesito poner en manos de Dios?
Tal vez sea una relación.
Una decisión.
Una preocupación.
Una situación familiar.
Una incertidumbre sobre el futuro.
O quizá simplemente la necesidad de saber qué va a ocurrir.
Puedes seguir caminando sin tener todas las respuestas.
Puedes avanzar sin controlar todo el recorrido.
Porque confiar también significa decir:
«Adonai, Señor, conduce Tú.»
Y quizá lo nuevo que esperamos no necesite solamente que preparemos un lugar.
Quizá necesite también que dejemos de ocuparlo todo con nuestros propios planes.
🌱 El Acto de la Entrega
Mira la semilla que permanece junto a María.
Durante estos días la has visto como signo de esperanza y de confianza.
Hoy vas a añadir una nueva palabra:
ENTREGA
Toma un nuevo papel.
Escribe aquello que estás intentando controlar y que hoy quieres poner en manos de Dios.
Puede ser algo concreto o simplemente una preocupación por el futuro.
Después escribe debajo:
«Señor —Adonai—, hago mi parte y confío en Ti con el resto.»
Dobla el papel y colócalo junto a la semilla.
Ahora pon tus manos abiertas delante de María.
No necesitas decir nada durante unos instantes.
Simplemente permanece así.
Respira.
Suelta.
Y deja que tu corazón diga:
«¡Oh Adonai, Señor de mi vida,
conduce Tú mis pasos.
Yo haré lo que esté en mis manos
y confiaré en Ti con aquello que no puedo controlar.»
Permanece unos instantes en silencio.
Hoy no necesitas encontrar una solución.
Hoy necesitas aprender a entregar.
🙏 Oración a la Virgen de la O
María, Virgen de la O,
de la Espera Expectante y Esperanzada,
enséñame a confiar como tú.
Cuando quiera controlarlo todo,
enséñame a entregar.
Cuando tenga miedo del futuro,
enséñame a confiar.
Cuando no vea el camino,
ayúdame a dar el siguiente paso.
Cuando quiera conocer todas las respuestas,
recuérdame que no necesito saberlo todo
para caminar con Dios.
Dame un corazón disponible,
capaz de escuchar,
capaz de esperar
y capaz de dejarse conducir.
Ayúdame a distinguir
aquello que depende de mí
de aquello que debo poner en manos de Dios.
Que no confunda la entrega con la pasividad,
ni la confianza con la resignación.
Enséñame a hacer mi parte
con amor y responsabilidad
y a confiar en Dios con aquello
que está más allá de mis fuerzas.
¡Oh Adonai, ven!
Sé Tú el Señor de mi camino.
Conduce mis pasos.
Ordena mis caminos.
Ilumina mis decisiones.
Y cuando no sepa hacia dónde ir,
haz que pueda decir:
«Señor, confío en Ti.
Conduce Tú.»
María, Virgen de la O,
de la Espera Expectante y Esperanzada,
acompaña mi camino
y enséñame a entregarme a Dios.
Amén.
🕯️ Cierre
Permanece unos instantes delante de María.
Mira la semilla.
Mira también el papel que has colocado junto a ella.
Hoy has puesto en manos de Dios aquello que estabas intentando controlar.
No necesitas recuperarlo inmediatamente.
Déjalo descansar.
Antes de apagar la vela, abre las manos y repite lentamente:
«Señor, hago mi parte y confío en Ti con el resto.»
Deja el papel junto a la semilla.
Durante estos días, vuelve a mirar este pequeño espacio de oración.
La esperanza necesita paciencia.
La confianza necesita sabiduría.
Y la entrega necesita aprender a dejarse conducir.
Hoy hemos aprendido que confiar no significa conocer el camino, sino estar dispuestos a caminar dejándonos conducir por Dios.
Mañana continuaremos nuestro camino con una nueva invocación:
Volver a mis raíces para descubrir desde dónde puede nacer lo nuevo.
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