La Agonía como Forma de Vida
La Agonía del Cristianismo

La Agonía como Forma de Vida. Releyendo a Unamuno
Los clásicos son los clásicos por eso no pasan de moda. Al intentar preparar una introducción para esta pequeña obra maestra de Miguel de Unamuno, La Agonía del Cristianismo, me di cuenta de que nadie ha logrado definirla mejor que el propio autor en su prólogo a la edición española.
Más que un tratado teológico o filosófico, este libro es un campo de batalla. Unamuno entiende que la fe no es descanso, sino un combate permanente. Se conecta de forma maravillosa con la famosa obra de El arco y la lira de Octavio Paz; ambos autores entienden que el ser humano es, ante todo, una contradicción viviente, un ritmo entre extremos.
Para abrirles el apetito de esta «lucha espiritual», les comparto los fragmentos donde Unamuno defiende su derecho a no ser un dogmático, y defensor del Agón como Desafío de la Transformación:
¿Monólogo? Así han dado en decir mis… los llamaré críticos, que no escribo sino monólogos. Acaso podría llamarlos monodiálogos; pero será mejor autodiálogos, o sea diálogos conmigo mismo. Y un autodiálogo no es un monólogo. El que dialoga, el que conversa consigo mismo repartiéndose en dos, o en tres, o en más, o en todo un pueblo, no monologa. Los dogmáticos son los que monologan, y hasta cuando parecen dialogar, cómo los catecismos, por preguntas y respuestas. Pero los escépticos, los agónicos, los polémicos, no monologamos. Llevo muy en lo dentro de mis entrañas espirituales la agonía, la lucha, la lucha religiosa y la lucha civil, para poder vivir de monólogos. Job fue un hombre de contradicciones, y lo fue Pablo, y lo fue Agustín, y lo fue Pascal, y creo serlo yo.
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Y no quiero cerrar este prólogo sin hacer notar cómo una de las cosas a que debe este librito el halagüeño éxito que ha logrado es a haber restablecido el verdadero sentido, el originario o etimológico de la voz «agonía», el de lucha. Gracias a ello no se confundirá a un agonizante con un muriente o moribundo. Se puede morir sin agonía y se puede vivir, y muchos años, en ella y de ella. Un verdadero agonizante es un agonista, protagonista unas veces, antagonista otras.
Y ahora, lector de lengua española, adiós y hasta que volvamos a encontrarnos en auto-diálogo; tú, a tu agonía, y yo, a la mía, y que Dios nos las bendiga
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La invitación está servida. No es una lectura para quienes buscan respuestas cómodas, sino para quienes se atreven a habitar su Agón Personal.
Si estás listo para entrar en el combate, te comparto la obra aquí:
👉 [ La Agonía del Cristianismo]
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