¿Por qué no me tatúo?

En la piel también se refleja la vida, el sol, y, ¡el sol del atardecer!, imagen de Rubén Bravo Prados

Rubén Bravo Prados explora la piel como un espacio sagrado y simbólico, un umbral entre lo interno y lo externo. Reflexiona sobre su relación personal con el cuerpo, destacando su aprecio por la piel en su estado natural y sin alteraciones. A través de sus experiencias y recuerdos, Bravo Prados argumenta por qué ha decidido no tatuarse, valorando la piel en su forma pura y auténtica como un reflejo de la vida vivida y las emociones experimentadas. Su reflexión va más allá de una simple opinión sobre los tatuajes, invitando a considerar la piel como un vínculo profundo entre nuestra existencia y el mundo que nos rodea.

***

La piel es para mí un espacio sagrado, porque es esa frontera entre lo externo y lo interno. Un lugar de tránsito, pues no es impermeable. Es una puerta que comunica y crea intercambios entre lo que somos y lo que nos envuelve y viceversa. Es a través de su tacto como se crea la vida. El que no ve, se sirve para conocer el mundo. Y sabemos mucho de las reacciones que tiene para entender el mundo. Desde pequeño me planteé tatuarme muchas veces. Me molaba mucho saber que sabiendo dibujar podía diseñarme lo que quisiera, pero nunca me decidí.

Y ahora sé porque es.

Sé porque a día de hoy no quiero tatuarme, pues no quiero modificar algo tan valioso para mí. Me encanta la piel en su plenitud, cuando sale del río y reluce al sol, su textura y brillo, con sus cicatrices e imperfecciones, sí, pero sin tapar lo que la vida me ha dado. Me gusta como se agolpan las gotitas de sal y el dorado del sol creando reflejos con la superficie mojada. La piel de gallina al contacto de alguien querido o cuando algo me emociona. La tensión cuando hace frío y el sudor después de correr y saltar por los árboles. Me gustan las cicatrices de mi hombro de cuando me caí con la bici con 20 años. La quemadura en mi pecho de cuando con 3 años tuve un accidente con una sartén de aceite hirviendo.

Ojo, que no es una crítica a los tatuajes o modificaciones estéticas, es simplemente una opinión personal, una decisión: no quiero hacer de mi cuerpo un lienzo de cara a la galería para mostrar mi historia o mis gustos. Porque sería de cara a la estética y apariencia.

La piel es como la orilla del mar, esa especie de tierra de nadie que funde el paisaje con nuestra interioridad. El oleaje hace que ese espacio sea mágico, porque al igual que no sabemos si la orilla es tierra o mar, no sabemos si la piel es lo que mantiene nuestra alma divina contenida en un cuerpo, o una tela permeable para percibir al universo, la divinidad, de una manera que podamos soportarla en este plano material.

***

En conclusión, Rubén Bravo Prados ofrece una reflexión profunda sobre la piel como un elemento fundamental de nuestra experiencia humana. Para él, la piel no es solo una barrera física, sino un lienzo de vida que captura y expresa la conexión entre nuestro ser interno y el mundo exterior. Su decisión de no tatuarse subraya un respeto profundo por la piel en su estado natural, apreciando sus marcas y texturas como testigos de su historia personal y emocional. A través de su perspectiva, nos invita a reconsiderar la piel no solo como una superficie estética, sino como un reflejo íntimo de nuestra existencia y nuestra relación con la vida misma.

Colaboración del joven, Rubén Bravo Prados

Fuente:

***
También te puede interesar este enlace sobre el agua y su reflejo,

Reflejos sobre el Agua

Por favor, comparte:
Un comentario

Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *