Novena a la Medalla Milagrosa, día dos: Un Camino de Luz

Día Dos: Un Camino de Luz
Como cada día de la novena invoco a mi Ángel diciendo algo así: Acompáñame, ángel custodio, en este encuentro con María, la madre de Jesús. Haz que pueda abrir mi cuerpo, mi mente y mi corazón a todos los dones y gracias que necesito para hacer mi Camino con Alegría y Paz. Amén
Padrenuestro- Avemaría
Di tres veces: ¡Oh, María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti!
Reflexión
Corría el año 1830 de nuestra era, el día dieciocho de julio. Estamos en el centro de Paris. En un convento de mujeres. Catalina escucha una voz: La Virgen María te espera. El niño la llama y luego la acompaña con unos destellos de luz que van iluminando sus pasos hasta la Capilla. Allí sentada está la Señora, en una silla azul. Catalina se arrodilla.
Dijo Jesús: Nadie enciende una lámpara para luego ponerla en un lugar escondido o cubrirla con un cajón, sino para ponerla en una repisa, a fin de que los que entren tengan luz. Tus ojos son la lámpara de tu cuerpo. Si tu visión es clara, todo tu ser disfrutará de la luz; pero si está nublada, todo tu ser estará en la oscuridad.
¿Ves las luces que guiaron a la pequeña Catalina?
No se puede avanzar en la vida sin luz. Sin luz tropezarás, te golpearás, te perderás…
Con luz verás claro, avanzarás sin tropiezos, te guiarás con seguridad…
La Luz que ilumina tu existencia, que da sentido a tu vida, los «ojos» que ven están en lo más profundo de tu ser.
Deja que esa Luz ilumine tus pasos. Abre tu corazón y guíate esa Luz que te ilumina desde dentro.
Sigue en diálogo unos minutos
¿Te sientes desorientado, perdido?
¿Pierdes con frecuencia el sentido de la vida?
¿Sabes a dónde vas?
Oración
“Oh María de la Medalla Milagrosa que te manifestaste a Catalina Labouré. Como ella se dejó guiar por las luces en el camino al encuentro contigo, haz que guiado por esas mismas luces que proceden del Espíritu de Dios y que llegan a mí de distintos rincones y que resuena en lo más profundo de mi ser, camine siempre como hijo-a de la Luz. Me dejo guiar, alejo de mí toda oscuridad; suelto y dejo a tus pies todo lo que me impide ser libre y cumplir la misión que he pactado cuando vine al Planeta Tierra.
(puedes manifestar aquí algún deseo personal que quieras)
De tus manos salen pequeñas gotas de luz. Envuélveme en esas gotas de Luz. Haz que sepa recibir esas gracias, esos dones, esas gotas de luz. Amén Amén.
Final
Sigues de rodillas a los pies de la Virgen, que, como en Paris ante la joven Catalina Labouré, está sentada en un sillón sencillo azul y sigues escuchándola y preguntándole. Y termina tu encuentro con María, con la misma invocación que ella pidió que se pusiera en la Medalla, tres veces:
¡Oh, María sin pecado concebida, ruega por mí que recurro a Ti!
¡Oh, María sin pecado concebida, ruega por mí que recurro a Ti!
¡Oh, María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti!
Terminamos la Novena agradeciendo a nuestro ángel de la guarda su compañía durante esto minutos y termino diciendo el Padrenuestro y el Avemaría.
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