Novena a la Medalla Milagrosa, día cuatro: Una Medalla que sana

Día Cuatro: Una Medalla que sana

Como cada día de la novena invoco a mi Ángel diciendo algo así:  Acompáñame, ángel custodio, en este encuentro con María, la madre de Jesús.

Haz que pueda abrir mi cuerpo, mi mente y mi corazón a todos los dones y gracias que necesito para hacer mi Camino con Alegría y Paz. Amén

Padrenuestro- Avemaría

Di tres veces: ¡Oh, María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti!

Reflexión

Corre el 27 de noviembre de 1830. Son las 17: 30 horas en Paris. La Señora se aparece de nuevo. Lo hace debajo del cuadro de San José, en la misma Capilla. En primer lugar ve dos cuadros en los cuales la Señora está de pie sobre un globo terráqueo y bajo sus pies, aplastándola una serpiente.

En el primer cuadro, lleva la Virgen en sus manos un pequeño globo dorado rematado por una cruz que levanta hacia el cielo. Catalina escucha:  – “Esta bola representa al mundo entero, a Francia y a cada persona en particular.”

En el segundo, se ven que de las manos salen unas gotas o anillos del que brotan piedras preciosas con rayos de luz brillante. Catalina escucha: – “Estos rayos son el símbolo de las gracias que María consigue para los hombres.

De sus manos abiertas, cuyos dedos llevan anillos de piedras preciosas, unos rayos de un brillo bellísimo. Al mismo tiempo Catalina oye una voz que dice: – “Estos rayos son el símbolo de las gracias que María consigue para los hombres.”

Después se forma un óvalo en torno a la aparición y Catalina ve que se inscribe en semicírculo una invocación, escrita en letras de oro: « Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti».

Catalina escucha: «Haz acuñar una medalla según este modelo. Las personas que la lleven con confianza recibirán grandes gracias ».
Después, se vuelve el cuadro y Catalina ve el reverso de la medalla: arriba, una cruz sobre la letra inicial de María, abajo, dos corazones, uno coronado de espinas, otro atravesado por una espada.

Jesús contestó a los hipócritas y fariseos: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito:

–“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos.” Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres».


Hoy solo una pregunta: ¿Estás haciendo con el corazón este encuentro con María o solo es un mero formalismo?

Deja que la Voz de María hable en tu corazón.

Oración

Oh, María de la Medalla Milagrosa, te observo con las manos abiertas esparciendo esos anillos de luz maravillosos que representan las gracias  que tú hablas que vendrán sobre el planeta tierra. Me preparo para recibir esas gracias y dones que me ayuden a ser fiel a mi misión en el planeta tierra. Aún sabiendo que soy un poco audaz (puedes manifestar aquí algún deseo personal que quieras).

En este día también quiero purificar mi corazón, mi intención, mis más profundos deseos para que mis pensamientos, mis emociones, mis palabras, mis hechos broten con mayor luz del fondo de mi corazón.

Que esos anillos o gotas de luz que llueven de tus manos me envuelvan y pueda recibir los dones que necesito y anhela mi corazón. Amén Amén Amén

Final

Sigues de rodillas a los pies de la Virgen, que, como en Paris ante la joven Catalina Labouré, está sentada en un sillón sencillo azul y sigues escuchándola y preguntándole. Y termina tu encuentro con María, con la misma invocación que ella pidió que se pusiera en la Medalla, tres veces:

¡Oh, María sin pecado concebida, ruega por mí que recurro a Ti!
¡Oh, María sin pecado concebida, ruega por mí que recurro a Ti!
¡Oh, María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti!

Concluye este cuarto día de  la Novena agradeciendo a nuestro ángel de la guarda su compañía durante esto minutos y termino diciendo el Padrenuestro y el Avemaría.

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