27 de Noviembre: Rayos de Gracia de la Medalla Milagrosa

Detalle de la pintura de @Raul_Berzosa «Inmaculada Virgen Milagrosa» para la Iglesia de la Inmaculada Concepción (无染原罪圣母主教座堂) en Pekín, China.

Fiesta de la Medalla Milagrosa – 27 de noviembre

La oración sencilla que abre el corazón a la paz

Estamos en pleno centro de París, el 27 de noviembre de 1830. Son las cinco y media de la tarde. La novicia Catalina Labouré ve a la Madre de Jesús por segunda vez. La contempla de pie sobre un globo terráqueo, con una serpiente bajo sus pies.

La Virgen sostiene en sus manos un pequeño globo dorado coronado por una cruz, que eleva suavemente hacia el cielo. Y le dice:
«Esta bola representa al mundo entero, a Francia y a cada persona en particular.»

En el segundo cuadro, Catalina ve en los dedos de María anillos engastados con piedras preciosas, de los cuales brotan rayos de luz bellísimos. Y escucha:
«Estos rayos son símbolo de las gracias que María consigue para los humanos.»

Un momento después, alrededor de la visión se forma un óvalo donde se escribe con letras de oro:
«Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti.»

Una vez, alguien me cuestionó:
—«Esa oración es demasiado breve.»

Y yo respondí:
—«Querido amigo, para hablar con Dios basta una sola palabra.»

Jesús mismo lo recuerda en el Evangelio:
«Al orar, no habléis mucho como los gentiles, que piensan que por su palabrería van a ser escuchados… vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de que se lo pidáis.» (Mt 6,7-8).

Para conectarse con Dios basta una palabra. Basta un gesto. Basta un pensamiento limpio y lleno de fe.

El ladrón que estaba junto a Jesús solo dijo:
«Acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino.»
Y el Maestro respondió:
«Hoy estarás conmigo en el Paraíso.» (cf. Lc 23,42-43).

Esta breve oración a María, la Madre de Dios, tiene una fuerza inmensa. Repítela con fe; una vez, o mil, no importa. Dila hasta que sientas que el manto de María cae suavemente sobre tus hombros.

¡Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a vos!

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Escena de María de la Medalla Milagros conversando con Catalina Labouré

? Oración en el regazo de la Medalla Milagrosa

Para rezar con la imagen de la Medalla Milagrosa, te propongo este ejercicio.

Primero, entra en la escena. Una noche, un niño despierta a la novicia Catalina y la conduce a la capilla, donde la Virgen la espera. María se sienta en un sillón azul sencillo, ubicado en el altar; Catalina se arrodilla, pone sus manos entre las manos de la Madre de Dios, y la escucha.

Haz tú lo mismo.
Cierras los ojos.
Imagínate allí.

Ponte de rodillas, coloca tus manos entre las manos de la Virgen y escúchala. Si no oyes nada, cuéntaselo con ternura: que te cuesta escuchar, que las voces del cielo se confunden con tus distracciones, con tus cansancios, con tus sombras… Díselo todo, sin miedo.

Permanece de rodillas, a sus pies, como lo hizo Catalina. Pregúntale, cuéntale, déjale entrar en tu corazón. Y cuando ya no se te ocurra nada más, di simplemente:

«Oh María sin pecado concebida, ruega por mí que recurro a ti.»

Repítelo hasta que tu corazón encuentre el don de la paz.

Del libro Llamando a las Puertas del Cielo. Libro de Oraciones,
G. Meiriño Fernández, De Oriente a Occidente, 2014, pp. 104–109.

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Puedes ver estos vídeos sobre la Medalla Milagrosa.

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Desde la Capilla dónde se apareció la Medalla:

 

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