La razón del olvido
Suele decirse: ¡si vivieras otra vez, harías las cosas en forma diferente!…. ¿será cierto?…
Claro, como se dice popularmente, con el diario del lunes es fácil especular sobre a que caballo había que apostar el domingo, pero la vida no funciona así.
Ahora, realmente… mirando hacia atrás, recordando por un instante cada tropiezo, cada amorío, cada trabajo, cada examen, cada dificultad, realmente ¿cambiaría uno las cosas?.
Si cada cosa que ha pasado, cada tropiezo, cada error seguramente dejó su enseñanza, es más, se aprende mucho más de la dificultad y las carencias, que de los tiempos de bienestar y prosperidad, aunque claro, en general nadie simpatiza con los tránsitos difíciles. ¿Qué harías?…
Supongamos por un momento que volvieras al inicio de tu vida, como ocurre en algunos juegos de niños “volver a la salida”, pero viendo el tablero por encima, así sabrías de antemano casi todas las posibilidades tu futuro, con bastante detalle de cada hito, de cada persona, de cada golpe duro, de cada momento glorioso, de cada pérdida y dolor… ¿Entonces qué harías?…
Teniendo toda la vida por delante, a sabiendas de cada potencial y posibilidad, conociendo los números de los dados del azar y cada casilla en la que caerás…
Sabrías también entonces con certeza, que la vida es un camino de aprendizaje, que el azar tiene una razón más allá de tu entendimiento, sabrías que hay un objetivo de crecer, de aprender, de compartir, y que cada tránsito en ese camino es lo que necesitas exactamente para reconocerte en tus aciertos y desaciertos, y que necesitas capitalizar cada una de esas experiencias…. ¿Qué harías?…
Tal vez, la única forma posible de encarar ésta vida, sea desde el olvido, enfrentar la experiencia sin manuales, sin recuerdos de tropiezos repetidos, enfrentar cada situación desde el nivel de conciencia alcanzado y presente; y tal vez, como dice por allí algún sabio, sea cierto que el gran desafío del Alma sea recordar, en el reconocimiento y la aceptación de cada momento, para que todo se vuelva más y más claro, como si se quitaran poco a poco el peso de los escombros que nos cubren con la sombra, fuente y madre de cada angustia, la amarga opacidad del olvido… Tan necesario para la experiencia de la vida, como lo es luego el recordar, para por fin encontrar el camino de regreso a casa.
Texto e Imagen de Alejandro Vaccari, desde Bariloche– Argentina
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