La crisis de los cuarenta

«La vida comienza a los 40» afirman al pasar. Mentira. La vida no comienza a los 40
Hoy sé que no es así. Hoy, cuando me despierto ya con innegables 40 años bien cumplidos. Una gran parte de mi vida ya se fue. Hoy sé que la vida comienza todos los días. Al despuntar el sol nuestro reloj vuelve a foja cero, mientras que -obviamente- el otro, el biológico, comparte junto al Tiempo una carrera por ver quién se lleva primero la elasticidad de la piel, la agudeza de la vista y los cabellos que se caen. La vida comienza todos los días. En el preciso instante en que se abren los ojos y el resto de los sentidos corroboran al corazón latiendo y los pulmones oxigenándose. Es en ese instante cuando la mente se reinicia y se da cuenta de ciertos detalles comenzando por el libre albedrío de la actitud a elegir para encarar el día.
La crisis de los cuarenta
Suelen decir también que es común la «Crisis de los 40». Gracias a Dios, las tengo cotidianamente ? Son las que me mueven fuera de mi zona de pensamientos cómodos o las que me reubican en dicho lugar. Dicen también que esa crisis te lleva a plantearte grandes interrogantes (filosóficos, espirituales…) y que llegada la susodicha, es mejor que te encuentre bien plantado con ciertas ideas o asuntos. La verdad, nada más lejos. Lo que a mi me de estabilidad hoy, puede que mañana ya no me sirva. Con 40 o con la edad que tengas, siempre hay que tener en perspectiva el combustible consumido y el que aún nos queda en el tanque… porque con lo que aún queda uno nunca sabe es hasta cuándo. ¿Como vas a vivir de aquí en más?… ó como diría Edith Eger: «¿Y ahora, qué?» El Tiempo es un acreedor muy puntual a la hora de presentarse y cobrarse lo que Dios y la Vida te han prestado.
Está tan de moda la palabra «deconstruirse», como si fuera algo que los humanos jamás lo hicimos. Mi antesala a los 40 fue así, y, calculo, que por Ley de la Vida, seguirá así, como para el resto de los mortales.
Somos máquinas de desear
En estos últimos años se me han aclarado ciertas cosas:
(a) somos movidos por el Deseo. Somos máquinas de desear. Desear (buen) sexo, desear un mejor trabajo, desear una pareja, desear hijos, desear terminar una carrera, dejar de sentir dolor físico, en fin, desear muchas veces que la realidad sea de otra manera. Desear que fuera de la manera que me gusta a mí. Y la realidad simplemente, es. Es lo que es.
(b) He encontrado en el amor y en la pérdida a dos eximios Maestros. Creo que ambos son los que transforman el alma humana a niveles que jamás hemos imaginado. Sin embargo, aveces creo que no estamos dispuestos a pagar el precio de amar,… porque justamente, nos lleva a perder. Y es irónico, porque ambos, en algún momento, tarde o temprano, llamarán a la puerta.
(c)Encontré en la filosofía Budista respuestas a varias de mis preguntas, pero a cambio, encontré a varias preguntas más. Aún así: vale el Tiempo invertido en probarlo, pues había resultado ser que alma de Budista, la tenemos todos.
Me encuentro con 40 siendo aún un buscador. Como millones más. Y creo que seguiré así.
El Universo no es una fábrica de conceder deseos
Finalmente, y quizás lo que más me ha sacudido los cimientos: dejé de creer en el «Pensamiento Mágico»; ése que se adorna con frases lindas de «El Universo esto…»; «El Universo aquello…»; «Ay, vibrá alto, vibrá ALLLLTOOO, más, más, más… eso! Imaginá que está flotando en un campo de amapolas…»; «Escribile a tu ancestro para deshacerte del lastre que heredaste»… hay cosas que las viví, las transité, y por la razón que fuera, no pasaron de ser un hermoso relato.
«El Universo no es una fábrica de conceder deseos», leí en una novela este año. Y es verdad. La verdadera «magia» sucede cuando me hago cargo de la realidad aceptándola: «y bueno… es así… porque es así.» En palabras Jungianas, «lo que al aceptarlo, te transforma.»
En un libro de J. W. Goethe leí: «encuentras al verdadero amor una sola vez.» ¡Cuanta verdad! Siendo que cada día es único, se nace y se muere, cada encuentro y experiencia es especial e irrepetible. Ésa es la esencia de la Vida. Vivir hoy, ahora y así.
Colaboración de Gabriel Sánchez en el día que cumplió los cuarenta años.
La imagen es de Pixabay.
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