Contraluz
Caminar por un bosque añoso, de árboles enormes
las lengas con sus cortezas de grises claros, los coihues gigantes y sus nudos pintorescos
algún que otro arrayán con su color marrón claro y su textura suave como una piel.
Es un momento extraño, enmarcado en un silencio profundo
interrumpido solo por algún pájaro, y uno que otro auto sonando a lo lejos
es un momento sereno y sublime, a la vez frío y húmedo en agosto
anoche llovió copiosamente, en la montaña seguramente ha nevado,
es invierno aún, y cada rincón sombrío se halla tapizado de blanco.
Lentamente mientras camino estos senderos
voy adentrándome en la espesura de mi propio sotobosque
acompasando la respiración agitada con el andar y los pasos
contemplando éstos árboles, que ya estaban aquí antes que nacieran mis padres
el Sol, que asoma de a ratos, juega conmigo, y sin decidirse una y otra vez
cambia de lado.
De repente surge el contraluz, el Sol está ahora por delante y en diagonal sobre mí
y en el suave descender de su cálida luz, ilumina las hojas mojadas
y miles de gotas de agua, que aún penden de las hojas destellan sobre el verde
meciéndose en chispas, como las guirnaldas de las luces de navidad
una blanquecina bruma, apenas perceptible surge desde suelo húmedo
el sendero se vuelve surreal, y aunque saco un par de fotos con la cámara
su lente no captura el detalle que perciben mis ojos y sentidos
entonces me limito a hacer silencio y contemplar sin palabras.
Que la belleza y el encuentro, vuelven sutil lo cotidiano, algo para sentir y percibir
y lo sutil a veces no puede explicarse, con palabras que no alcanzan
o intentan torpemente descifrar y describir el misterio de éste bosque viviente
un ser completo y vivo, lleno de diversidad, que late, respira, cambia y existe
que como nosotros, también trata de crecer, y paciente se eleva hacia el sol
en busca de éstos rayos de luz, vida y calidez.
Es bellísima una tarde diáfana de Sol, pero creo que la luz es aún más bella
cuando sus haces se cuelan entre hojas, ramas y rocas, en un juego infinito
de luces y de sombras, lleno de contrastes, brillos y reflejos
un juego infinito, donde la vida, con la luz cobra más vida, y se eleva desde el barro
intentando quizá algún día, alcanzar las mismas estrellas…
Este contraluz abre mi corazón, igual que abrió la roja flor del notro, por cierto en agosto aún en flor.
Alejandro Vaccari desde san Carlos de Bariloche- Argentina
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De Oriente a Occidente
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