Atrévete a cambiar la Cerradura
Atrévete a cambiar la Cerradura

Reparando cerraduras
Normalmente, cuando algo deja de funcionar, lo primero que atinamos a hacer es repararlo; pero si la cosa se complica y simplemente vemos que está rota, pues buscaremos su reemplazo.
Eso fue lo que me pasó en mi casa del cerro, donde tenía problemas para ingresar.
Primero fue el candado del cerco, del cual nunca tenía las llaves, razón por la cual, en una de mis visitas, aseguré tenerla conmigo para poder retirarlo. Compré un candado nuevo con varias copias y lo cambié.
La casa «me habló»
Dicen que los objetos inertes no hablan, que no tienen vida, pero aquel día, cuando ingresé a la casa, ella me habló. No como lo hacen los animales o las plantas, sino con imágenes, con su prestancia.
Me reclamó amor y presencia. Me pidió que le devolviera el verde del parque y las flores de su jardín, que sacara todo lo viejo, que la limpiara para poder volver a brillar, que renovara sus pinturas y que curara las heridas de sus revoques.
Hice una pausa y le respondí que mi amor era incondicional, que mi sangre la visitaba todos los fines de semana, que hablaría con ellos para devolverle su esplendor. Pero mi presencia no era posible cuando más de mil kilómetros me separaban de ella.
Aquel día, al cerrar la puerta, su mensaje estaba allí. Me dijo: «¡Recuerda lo que conversamos hoy, aquí!».
Un año después de la Reparación
Pasó más de un año hasta que volví. Llegué sin avisar y, vaya sorpresa la que recibí: sola y triste, marrón era su parque, y la muerte de sus plantas me decía que estaba abandonada.
Cuando puse la llave en su puerta, al principio no quiso abrir. Me obligó a una pausa, breve pero suficiente, para recordarme aquella charla de la otra vez. Finalmente, ingresé y me recibió con una postal del abandono y la dejadez, no sin dolor, mostrando sus heridas y su desnudez.
Cumpliendo «mi promesa» con la Casa
Le prometí buscar una solución, que le devolvería el amor y su esplendor.
Comencé en el mismo instante. Yo no quería más mensajes: saqué la cerradura de la puerta y la reemplacé por una nueva. Luego de cerrar, le avisé a sus visitantes que ya no podrían visitar —mejor dicho, usar— mi casa del cerro.
Lo que reveló la Nueva Cerradura de la Casa
Pero la sorpresa recién comenzaba. Aquella nueva cerradura, mientras protegía mi casa, abría y sacaba a la luz sentimientos oscuros y verdaderas mezquindades de las personas que usaban la casa. Finalmente, se exponían las verdaderas intenciones de quienes, valiéndose de un lazo de sangre, abusaban de la confianza y generosidad de sus benefactores.
Se dijeron cosas que produjeron heridas insoslayables, pero afloró la verdad. Y todo por atreverme a cambiar la cerradura de mi casa, allá en los cerros, en ese valle.
Bendiciones.
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Lo físico y emocional se interrelacionan en este hermoso texto. ¿Alguna cerradura que cambiar en tu vida? ¿Algún ciclo que cerrar? ¿Alguna Verdad oculta que habita en el Silencio?
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De Oriente a Occidente
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A veces cerrar una puerta con llave, implica abrir otras, que traen lo nuevo y como dice mí Maestra, lo nuevo siempre es para mejor. Paz, bien y serenidad.