Seguimos tus huellas

Las huellas del hombre Dios

La raíz religiosa del hombre

Comenzamos una serie de reflexiones sobre el cristianismo, bajo el título de SEGUIMOS TUS HUELLAS. La huella es un símbolo de búsqueda. Suena a no saber, pero queriendo saber; como quien busca… Los antropólogos rastrean las huellas de la humanidad para ver de dónde venimos, cuáles son nuestros orígenes. No tenemos otra forma de conocer a nuestros antepasados si no es a través de restos, objetos que nos han dejado: una piedra tallada, una vasija. La huella que dejó Neil Amstromg en la Luna es un símbolo de una presencia que se ha convertido en ausencia, pero la huella permanece. Neil Amstrong ya no está en la luna, pero dejó su huella, allí sigue su pisada, el tamaño de su bota de astronauta…

Hablar sobre las huellas de un primitivo, puede ser sobre qué cosas comía -por los rastros en los dientes- o sobre la altura que tenían los hombres de Atapuerca, por los huesos que encontramos… pero también de si eran piadosos, de si daban culto a los dioses, de sus rituales, etc… Hay huellas físicas y huellas espirituales…Sucede que hay otras huellas más difíciles de rastrear. Por ejemplo las huellas de lo espiritual, lo religioso en el ser humano, la necesidad de trascendencia.

Dios encarnado

Vamos pues con el tema de las huellas de un Dios que se ha encarnado, por tanto con las huellas que Dios nos ha dejado en el hombre perfecto y pleno, que es Jesucristo. Ya sabemos qué problemático es hablar de Dios. Los cristianos lo podemos hacer, como dice San Juan evangelista, gracias al unigénito de Dios, el que está en el seno del Padre, Jesús. Lo que sabemos de Dios lo sabemos por Jesús de Nazaret en cuanto hombre.
Este es el tema de nuestro espacio Seguimos tus huellas. Llegar a Dios a través del hombre Jesús, pero también de las huellas de tantos hombres y mujeres que a lo largo de miles y millones de años han buscado a Dios. Y en esta búsqueda nos vamos a encontrar con un problema: No podemos hablar de Dios directamente, podemos hablar sólo del hombre que busca a Dios. En Jesucristo, el hombre perfecto, encontraremos la última palabra de Dios, no sobre sí mismo, sino sobre el hombre. Hablar sobre Jesucristo es hablar sobre un hombre que es Dios, Dios y hombre verdadero.

Estamos en un momento de la historia en que hablar de religión suena mal, cosas del pasado y sin interés. Pero este es el problema: todo ser humano, por ateo que sea, es profundamente religioso, porque busca, no se contenta con nada, y sigue buscando…, hasta el infinito. El hombre que no se contenta con nada y sigue buscando, aunque no quiera saber nada con Dios necesita y aspira a la plenitud, Dios.

Y al hombre que se cree religioso, porque cree en Dios, habrá que decirle que Dios no es un ser religioso, porque religión es el lazo de dependencia con un ser superior, es una atadura con Dios, y Dios no está atado a nada ni a nadie. Dios ya está unido consigo mismo, no necesita para nada que lo aten, por eso decimos que Dios no tiene religión. El único ser que por definición no puede creer en Dios es Dios mismo. ¿Cómo va a creer Dios en sí mismo, si se posee, si se tiene, si se es?

¿Y cuál es la religión de Dios?

Entonces, ¿Dios no tiene religión? La religión de Dios es el hombre, que el hombre consiga su plenitud. El ser religioso es el hombre. Dios no es religioso. Dicho de otra forma, yo creo en Dios porque camino hacia él. Por esto Dios no puede creer en sí mismo, Dios no tiene fe, porque ya se posee. Creer es propio del hombre.

En esto el cristianismo, es novedoso y revolucionario, y va a ser Jesucristo quien nos desmonte pieza por pieza todo el templo de una religiosidad pagana. La fe es salir de sí hacia otra persona distinta de sí misma. Y en el caso de la fe cristiana, como esa persona es el Otro con mayúscula, Dios, decimos que la fe es un don. A él sólo podemos llegar con el don de la fe. “Nosotros creemos, porque caminamos en la Fe, con la Esperanza, hacia el Amor”, dice San Pablo. Cuando estemos el amor, ya no necesitaremos la Fe. De la Fe hablaremos el próximo día.

Seguimos tus huellas. El hombre no es más que una huella, pero una huella hecha a imagen de Dios en la tierra.

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