No hay camino hacia atrás

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No hay nada peor que un hombre cansado de ser hombre. Ser hombre es una tarea, la tarea de hacerse, con la obligación de renovar su destino cada mañana. Si esta es una ley de la naturaleza, el sello de la creación y del universo, el hombre lo lleva inscrito como ley de su existir. A fuerza de caminar alcanza nuevas metas, y la tentación de todo camino es detenerse, por eso busca albergues para instalarse y sentirse salvado. Pero no serán suficientes los albergues que encuentre ni la salvación que le ofrecen. Son falsas posadas, son los dioses falsos. Ya hemos dicho que los dioses falsos no son falsos porque existan para hacer competencia al Dios verdadero, sino porque ofrecen una salvación que no es tal. El Antiguo Testamento no hace más que llamar la atención a los israelitas que doblan su rodilla ante cualquier madero. Y después de dos mil años de Nuevo Testamento seguimos creyendo, peligrosamente, que no queremos novedades. ¡A mí que no me vengan con cuentos, yo sigo con lo que me enseñó mi catecismo….

En búsqueda de lo Nuevo

Hacemos cabaña de un catecismo que no entendemos, nos anclamos en unas prácticas piadosas y mientras tanto olvidamos la Salvación que está más allá, donde las cosas no terminan, en eso que llamamos Dios. El cristiano, por una falsa fidelidad a su tradición, ha menoscabado la fuerza generadora de la misma tradición que pretende defender, pero de la que reniega cuando ésta no le impulsa al compromiso. La nueva evangelización que nos propone la Iglesia es la del Espíritu que anima y empuja hacia metas siempre mayores.

La Buena Noticia que difundieron los primeros cristianos entró en el imperio romano como una bocanada de aire fresco en el ambiente corrupto que les envolvía. El Evangelio era novedad, ¿es que acaso ya no lo es para nosotros?

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Juan José Fernández sj

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