La religión del hombre sensato (II) ¿La religión es una nueva idolatría?

Compartir:
Molino gallego imagen de André de Artabro

Al reflexionar sobre la idolatría no solamente hemos de tener en cuenta la del pasado, es decir, los ídolos que hayamos tenido a lo largo de la historia, sino las nuevas idolatrías que van apareciendo. Eric Fromm, en “El psicoanálisis de la sociedad contemporánea», dice lo siguiente “Para los hombres enajenados, la religión es un recurso donde alojar el vacío de sí mismo”.

Enajenados significa alienados, idos de sí, instalados en otra cosa que no sea yo. Como el vacío es insoportable, uno llena el vacío de sí con ese cúmulo de ofertas que llegan del exterior; si me siento débil me haré fuerte con algo de fuera que me fortalezca, y así evitaré el descalabro. Podré llenar mi vacío y sentirme fuerte con dinero, y así la aspiración es ser millonario. Yo, que soy un vago, puedo ser alguien si me hago político, voy escalando puestos y llegaré a ser alguien; pero si no soy capaz de enriquecerme, o no soy hábil para meterme en política puedo, sin embargo, llenar mi vacío con la religión.

Eric Fromm no dice que todos los creyentes estén vacíos o sean unos alienados, dice que la religión puede ser una alienación y que muchos se refugian en ella y se presentan como creyentes. Puede haber creyentes desde la fe –que es una de las mayores experiencias de abandono y debilidad- pero también hay creyentes que no soportan el no saber qué quiere Dios de mí. Y al no soportar esto emprenden la huida de sí hacia la religión. Cuando se publicaron las cartas con la experiencia espiritual de la Beata Teresa de Calcuta, y sus confesiones sobre el silencio de Dios en su vida, su noche oscura, en seguida se habló de que la Madre Teresa dudaba de la existencia de Dios. Tal era la conclusión a que llegaba un periódico inglés. Sin embargo, un columnista español, Juan Manuel de Prada, salió al paso de las interpretaciones pueriles y acomodaticias, leyendo el verdadero sentido de las ”dudas” que ha de soportar los verdaderos creyentes: “La verdadera fe … es una posesión que el creyente arriesga cada día, que cada día somete a escrutinio, que cada día le plantea dudas agónicas ante las que, lejos de arredrarse y encerrarse en una concha protectora, se expone hasta sudar sangre, como le ocurrió al mismo Cristo”.

Si esta es la religión del hombre sensato, la del alienado también está definida por el mismo autor: “A una visión pedestre de la fe no negaremos que haya contribuido cierta actitud camastrona de muchos creyentes que creen por inercia, como quien hereda de sus mayores una maula que no sabe dónde colocar y acaba arrumbándola en el desván de los cachivaches inservibles”.

Juan José Fernández sj

Compartir:

Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *