La religión como brújula

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La religión puede y debe ser una buena brújula para este hombre desorientado en el mundo moderno. Una sociedad y un  mundo que están en continuo movimiento, soportando cambios cada vez más acelerados y donde los caminos se dispersan, tendrá que echar mano de algo que le oriente si no quiere enloquecer.

La religión en la cultura

Si ahora venimos a esa función propia de la religión para nuestro tiempo, tendremos que recoger de la experiencia del pasado, lo positivo para nuestro tiempo. Además de ser un instrumento de orientación, para  que el hombre no desvaríe en su caminar, tendrá que seguir teniendo el valor de “objeto de “devoción”. Todas las religiones necesitan expresarse culturalmente, necesitan determinados objetos de devoción, como pueden ser los santos, las medallas, la cruz, los retablos e incluso las ideas, personas o instituciones; todo esto puede ser un punto de apoyo cuando caminas; incluso estos objetos de devoción te pueden salvar la vida, pero en la medida en que uno necesita orientarse y necesita apoyos, en esa medida aparece el peligro y la posibilidad de volver a ser idólatras. Toda solución a una necesidad humana corre el riesgo de impedir que el hombre siga caminando.

Una brújula y algo en qué apoyarse

Es verdad que estos apoyos son elementos identificativos de las religiones y quien viva religiosamente no puede prescindir de ellos. Además, por ser necesarios, quien los rechace se puede volver loco si quiere caminar por su cuenta y riesgo. No es tan superficial el tema de los «objetos de devoción». Está muy bien dicho que el hombre necesita una brújula para los días de niebla, y en segundo lugar, algo en lo que apoyarse o que venerar. Esto no hace sino reconocer una realidad, que el hombre no es consistente en sí mismo, no se vale por sí mismo, y si no tiene brújula ha de adquirirla, y si se siente solo necesita ayudas. Pero al mismo tiempo que estos objetos delatan la debilidad del ser humano, también manifiestan su grandeza. En la tarea de hacerme, en el trabajo por ser yo mismo, todavía no soy todo lo que debo ser, aspiro y necesito ser más; por eso alargo la mano, porque todo el mundo es mi paisaje y he de integrarlo en mí.

En breve más de Seguimos tus huellas.

Juan José Fernández sj

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