La Navidad no es sólo un día (II)

En Belén
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La clave está en que el nacimiento de Cristo, no es solo un día, el día 25 de Diciembre, que eso le importa poco al evangelista, es y significa la eclosión total de la Creación, que con Cristo ha llegado el tiempo a su plenitud. El relato no dice sólo que Jesús nace, sino que él es el lugar hacia dónde apuntaba la Creación desde su comienzo. ¡Qué grandioso mensaje! La Creación empezó a rodar y no supimos hacia dónde rodaba hasta que, embarcado en la Creación, llegó Cristo. ¿Nos damos cuenta de lo que esto significa? Hasta que Dios mismo, embarcado en la Creación, nace en ella, y éste es Cristo, Dios y hombre. La Creación venía empujando por todo el universo, pero nadie supo lo que pasaba hasta que llega Cristo. La llegada de Cristo es, nada más y nada menos, que el sentido de todo lo creado.

¿Y cómo se puede decir que la Creación entera cobra sentido cuando Cristo llega? ¿Cómo se dirá esto? El evangelista, que se lo sabe bien, casi no lo dice, y por eso en el siglo XXI, el hombre de hoy, que no tiene la clave del Evangelio, no llega a entenderlo. Pues bien, los evangelistas que escriben después de la muerte y resurrección de Cristo, descubren y narran el secreto escondido durante siglos: toda la Creación queda iluminada al nacer Cristo. Sólo desde Cristo, desde su Redención, la obra creadora de Dios alcanza la plenitud.

Existía en el principio

Si los evangelistas Mateo y Lucas casi no lo dicen, San Juan lo dice de una manera más explícita en el Prologo a su Evangelio: «En el principio existía el Verbo…» (Jn. 1, 1). Esta palabra griega, «En el principio», es la misma palabra con la que comienza el Génesis. Es decir, San Juan, sólo con esa palabra, nos está diciendo que va a hacer un comentario al Génesis. El Génesis dice: «En el principio creó Dios el Cielo y la Tierra…», y San Juan, en el principio pone al Verbo. O sea, que lo que hace que el Cielo y la Tierra empiecen a existir, es el Verbo, la Palabra, que estaba con el Padre. Este niño que ha nacido es el mismo que estaba junto al Padre antes de la Creación. La Creación desemboca en su sentido cuando nace Cristo. Si Cristo no hubiese venido, la Creación no tendría sentido.

Por si acaso alguno no quiere entender que el niño que nace es el mismo que existía al principio de la Creación, San Juan lo dice más claro todavía: «en él y por él se hicieron todas las cosas, y sin él no se hizo nada de cuanto se hizo» (Jn. 1, 3).

Con esta sencilla clave del evangelio de San Juan, ya podemos leer el relato tan tierno del capítulo segundo de San Lucas, ése que sabemos de memoria y que representamos en nuestras casas cuando ponemos el nacimiento. Ya podemos decir que, efectivamente, con Jesús ha aparecido el sol que viene de lo alto, la luz que iluminó las tinieblas, la noche más clara del año. Ahora sí que podemos llenar la casa de lucecitas, y poner el árbol de Navidad, y hacernos regalos unos a otros. ¡Feliz Navidad!

Juan José Fernández sj

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