Dos formas de andar por la vida
Donde Dios no está nace el homicidio
Esta doble forma que tiene el hombre de entenderse a así mismo, está presente ya en las primeras páginas de la Biblia, en la historia de Caín y Abel. Ambos pertenecen a ese género humano que emprendió, hace muchos siglos, el camino de su propia humanización. Y esa doble forma de ser hombre es lo que desarrolla el tema de Caín y Abel en el Génesis. Caín depende de sus cosechas; Abel, de lo que le depare la naturaleza; Caín es el sedentario que acumula sin cesar para no tener que depender de nadie. Abel vive al día en su peregrinar.
Dos formas de andar por la vida
Y decíamos que ya el Génesis lanza un juicio sobre esas dos formas de andar por la vida por parte de los hombres y relacionarse con la divinidad: una, la agradecida que ofrece lo mejor de su rebaño, en la que Dios se complace, y otra, la del que almacena lo mejor para sí y a Dios le ofrece lo peor de la cosecha. He aquí un juicio terrible sobre el hombre.
El Génesis es definitivo: Caín, el satisfecho de sí, sin necesidad de Dios, tuvo envidia de su hermano y mató a Abel. Es decir, donde Dios no está nace el homicidio. Pensemos en nuestro siglo XXI. Nuestra civilización está de espaldas a la divinidad, y ¿saben cuál es la consecuencia? El desierto. Hiroshima quedó peor que un desierto. Las relaciones humanas se hacen difíciles, prácticamente imposibles; cada uno va a la caza del bocado aunque sea aniquilando al vecino; enturbiamos los ríos o contaminamos el aire de la Tierra, de forma que nuestros hijos no van a poder vivir en esta bola de billar pelada que les estamos legando.
La otra forma de alejar a Dios
Donde Dios no está los hombres se matan. Éste es el pecado de quien da la espalda a Dios para justificar que todo es fruto de sus manos. Pero hay otra forma de alejar a Dios de nuestras vidas, es la del que se cree tan religioso, que es dueño de Dios y le quiere manejar a su antojo; fue la forma más vituperada por Jesucristo. Es el perfecto cumplidor de la ley, que al engreírse en sus propias obras de piedad, convierte a Dios en un objeto de uso y consumo. Cristo, además de haber nacido niño y necesitado, se hizo obediente a la voluntad de su Padre. Así cumplió con la tarea de ser hombre durante toda la vida.
Juan José Fernández Ibáñez sj,
Texto tomado en el capítulo 1 de su obra El peregrino Insatisfecho- Seguimos tus Huellas 3, Editorial De Oriente a Occidente, www.deoao.com
La imagen es de Ruth Dacunda en los bellos campos de Corrientes Argentina.
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Gran texto para reflexionar. Paz y Bien.