¿Dónde comienza la curación?
La auténtica curación comienza siempre en el alma y el espíritu, con el cambio de postura frente a uno mismo, la vida y el entorno, con el desarrollo de las cualidades interiores.
El intento de curar únicamente la enfermedad física, que va precedida de un prolongado desarrollo interior defectuoso, solo puede conducir a éxitos transitorios y superficiales. La enfermedad de la persona exterior es expresión de la interior. Muestra que no se han satisfecho sus necesidades interiores, que no tiene lugar su crecimiento ni concienciación y que la fuerza existente, aunque acumulada, puede desviarse del cuerpo de un modo destructivo. Con la enfermedad el cuerpo constituye la válvula de emergencia para el exceso de presión surgido por el bloqueo interior. Parecemos entonces una rueda de molino defectuosa que dejamos pasar de largo sin utilizar una parte del agua , en lugar de transformarla en fuerza – o en caso de un tumor- un globo al que no deja de inflarse hasta que estalla.
Bien es cierto que podemos crear derivaciones en el cuerpo y eliminar así la congestión, pero si en el espíritu y el alma sigue existiendo el trastorno, el éxito será limitado y el trastorno físico reaparecerá después de un determinado periodo.
La curación debe ser un proceso fundamental que englobe a toda la persona hasta su concienciación.
Nuestra tarea en esta existencia terrenal es convertir nuestra propiedades DIVINAS interiores en vida humana y con ayuda de una estructura sensorial, espiritual sana expresar en nosotros lo eterno. Pero no en derivar inútilmente la fuerza vital en acciones sustitutiva y anestesiar el dolor existencial mediante un modo de vida superficial.
La mayoría de los sistemas médicos consideran los síntomas físicos como la auténtica enfermedad y se esfuerzan en eliminar a la máxima celeridad posible y con todo los medíos imaginables las reacciones , inflamatorias, deposiciones, drenajes o tumores. La medicina alopatica simplemente los reprime en el plano celular físico. Los éxitos de estas terapias orientadas sólo corporalmente son muchas veces impresionantes, pero nos dejan ciegos ante el hecho de que la auténtica enfermedad continúa en la psique y en el alma.
Hasta la próxima semana.
Darío Mendoza Guirland
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