Volver a las raíces. Reflexión de Paco Castro ofm, a propósito del otoño

 

Arbol de otoño en o Alto do Cebreiro, Fray Paco Castro

VOLVER A LAS RAÍCES

Contemplo la faz de la tierra gallega en la que habito y compruebo, un año más, que ha irrumpido en la escena de nuestra vida el otoño; aunque con frecuencia estamos tan encastillados en los recovecos de nuestra mente que apenas somos capaces de captar la esencia de la vida que nos rodea y somos. El otoño es una sinfonía de colores entre los que destacan el ocre, rojo, naranja, marrón, amarillo… y el verde que siempre se tiende a los pies de los árboles como aliento y ánimo de esperanza en medio de esa mudanza de muchas especies arbóreas que aprovechan este tiempo para renovarse.

La melancolía (delirio de la mente que nos debilita) proyecta su tristeza sobre un entorno natural que fuera de ser mortecino está realizando una transformación, ya que la naturaleza se renueva, y la tierra engendra en sus entrañas la nueva primavera que, a su tiempo (todo requiere un tiempo), triunfará en frutos y flores multicolores.

Aprendamos pues de la madre naturaleza que es sabia. Hay un tiempo para todo (ya lo alerta la Sagrada Escritura), y es propio de toda criatura adaptarse a ese marco cronológico y recuperar así –si las ha perdido- las propias raíces que sustentan el ser, puesto que hasta el árbol más robusto está sostenido y es alimentado por unas humildes raíces que producen el milagro de la vida, y que se esconden bajo tierra, desoyendo los halagos de una vida artificiosa que te ofrece su aplauso, si es que entras en su juego maquiavélico.

Puedes escucharlo en voz del P. Paco:

Sí, hay que volver a las raíces de los valores humanos que sustentarán con firmeza nuestra vida, nuestros ideales, la mejor versión de nosotros mismos: el amor, la bondad, la honradez, la compasión, la esperanza, la paz, la amistad… Es tiempo de catarsis, de desnudarnos de las máscaras que nos deshumanizan, y volver a recuperar la senda perdida de una sociedad fundamentada en el amor al prójimo, un amor inteligente, creativo, que sea el remedio seguro a tanta crisis económica que es fruto de la pérdida de los valores, de habernos  cortado de cuajo las raíces vitales.

Ahora contemplo la tenue lluvia que empapa el campo que en unos meses brillará de esplendor natural. Tiempo al tiempo. Y recupero la memoria de quien soy, tan solo una criatura dotada de inteligencia y múltiples capacidades; entre ellas, la más sublime, la capacidad de amar con sólo una mirada contemplativa que me mimetiza con el medio en el que habito. Ahora es tiempo de venerar el silencio con la palabra callada y el corazón despierto a la vida, alimentado por raíces de paz, amor, y esperanza.

Fr. Francisco Javier Castro Miramontes. ofm

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