Meditación sin intención
¿Vas a amueblar tu espíritu? Pero, ¿acaso para encontrar a Dios no hace falta destruir todo el “mobiliario”, o colocarlo en el desván?». (Palabras de un monje cartujo).
A primera hora de la mañana, como todos los días, me he levantado para practicar mi meditación diaria. Me siento sobre el cojín (“zafu”) en nuestro oratorio (sala de meditación y oración ecuménica), con la tenue luz de la lámpara de sal y me abandono en una rendición absoluta e ilimitada. Me dejo envolver por el silencio de la aurora, la quietud del ambiente, el sonido de la lluvia, el susurro del viento o la cólera de la tormenta, ¡me da igual! Todo me invita a “perderme en la meditación”, a no influir en nada ni dirigirme hacia ningún sitio. ¡Estoy donde estoy! Me abro consciente a la “presencia del presente”, sin juicios, expectativas o deseos. Cuando “tratamos de”, nos alejamos “del camino hacia”.
La mente racional siempre quiere hacer algo, dirigirnos, recordarnos cosas, de impelernos a…
La paradoja para quien no practica meditación es comprensible: la mente racional siempre quiere hacer algo, dirigirnos, recordarnos cosas, de impelernos a… Pero crear un espacio diario para observar sin implicarnos en lo que surge, es una liberación maravillosa, que persiste de forma “flotante” durante el resto del día, como un eco o resonancia sutil que con la práctica nunca te abandonará e incluso te podrá acompañar en tu forma de ver y vivir la vida. Meditar es dejarse absorber por lo Absoluto. La dificultad de la práctica meditativa la crea el ego. Sí, el ego, ese altavoz susurrante que farfulla en tu interior tantos “no puedo”, “imposibles” o “limitaciones anticipativas”. El ego es un “programa informático interior” que nos ha ido llenando de “bits” culturales, ideológicos y disfuncionales.
¡”Resetéate” desde la ecuanimidad, la meditación y el amor activo!
Sé valiente para observar sin implicarte en lo que escuches, sientas o veas, de permanecer en silencio y contemplarlo todo sin moverte, en quietud y absoluta atención. Así de sencillo… o así de difícil, pues será lo que tu elijas. ¡”Resetéate” desde la ecuanimidad, la meditación y el amor activo! No pongas como excusa el poco tiempo del que dispones o los años que tienes. ¡Sí, tenemos tiempo! Tiempo para cambiar, elegir, dar un paso adelante y transformar la oscuridad en Luz. Tenemos tiempo para amar, vivir, dar, ofrecer y sanar las heridas propias y ajenas. Tenemos tiempo para esos pequeños gestos. Observemos la realidad con atención y demos juntos, sin miedo, pero con decisión y amor, un simple y humilde paso hacia delante.
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Sobre el Autor
Javier Akerman
P. Francisco Javier Akerman-Alonso Presbítero anglicano, licenciado en psicología y maestro de yoga tibetano y meditación. Profesor titular de Religiones Orientales, Psicología Pastoral y Fenomenología de la Religión en el “Centro de Estudios Anglicanos” (Iglesia Española Reformada Episcopal – Comunión Anglicana. Autor de varios libros: Cocina para sanar emociones; 101 Remedios naturales infalibles, Sexo ¡Naturalmente!; 101 perlas budistas y cristianas.

