La Navidad, una Reflexión

En estas fechas navideñas aparecen de nuevo los agoreros, los que claman por eliminar la Navidad porque «es comercial», o porque «les entristece recordar a los que se han ido», o porque «no soy cristiano» o «es que me obligan a ser feliz».
Objeciones respetables si no tratasen de desplazar los buenos sentimientos que en libertad otros muchos vivimos con intensidad, como el nacimiento del «Niño-Dios» y que los cristianos (casi todos) rememoramos con entrañable devoción.
“Fechas comerciales» son también el Día de la Madre o del Padre o Carnaval y no por ello reniego de festejar y rememorar en ese día a mis progenitores o dejar que otros disfruten de la algarabía travestida de las «carnes tolendas«. Me entristecen muchísimo más otras fechas (Hiroshima, Nagasaki, la toma del poder de Hitler…).
A mis familiares que duermen en la Gloria de Dios los recuerdo casi todos los días, con la fe del reencuentro futuro en la resurrección, en la segunda venida de Nuestro Señor Jesucristo.
No soy musulmán, pero respeto a los musulmanes que practican el Ramadán. Y cuando me encuentro en un país con determinadas tradiciones autóctonas disfruto con ellos al compartir su ánimo y consciencia «identitaria».
Siempre he procurado no dividir sino unir emociones positivas más allá del símbolo que las determina. Soy feliz «por lo que a ti te hace feliz», siempre que esa preferencia no atente contra la dignidad de las personas, los derechos humanos y el buen gusto.
Y por último, nadie me obliga a ser feliz, como ningún anuncio publicitario me hará creer que por comprar «tal coche» o «tal colonia» me hará parecer más atractivo, joven o rico.
Madurar como persona o como ciudadano es compartir felicidad en la diversidad y en la tolerancia.

Particularmente no me entusiasma el fútbol (¡herejía políticamente incorrecta!) pero no por ello dejo de disfrutar de ver un partido cuando comparto el disfrute de mi amigo o vecino ensimismado en el balompié y sus jugadores en lucha. Si algo no me gusta no trato de imponer mi preferencia. Tengo amigos Testigos de Jehová que no celebran la Navidad pero me felicitan en estas fechas, por respeto a mi creencia. Y budistas que cuando celebran el Wesak (el Año Nuevo budista) me felicitan con gran alegría y yo recibo con placer ese gesto de unidad emotiva.
Por todo ello os deseo una Feliz Navidad y que el nacimiento del Niño-Dios nos llene a todos de tolerancia, respeto, amor y solidaridad.
Infinitas bendiciones.

P. Francisco Javier Akerman Alonso

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