El odio: el otro virus coronado

Imagen de Syaibatul Hamdi en Pixabay

La pandemia global del coronavirus (Covid 19) está haciendo salir del ser humano lo mejor, pero también lo peor: soberbia, revanchismo, intolerancia, egoísmo y demás emociones aflictivas cuya cepa común, utilizando términos médicos, sería el “virus coronado” representado por los síntomas que desencadena: odio, ira, miedo y prepotencia.

No, aquí no veremos fiebre, tos o dolores musculares sino algo mucho más sutil que permanece larvado hasta que brota con especial virulencia. No hace falta ser un experto en psicología social o en sociología, basta con leer por encima muchos comentarios que pululan por las redes sociales y os podréis hacer una idea de lo que hablo. Pero este “virus coronado” no sólo se observa en la política, sino también en el mundo de la espiritualidad: Grupos de yoga o de budismo que no dejan subir vídeos o comentarios de otros yoguis o escuelas, por egos enfrentados; cristianos que “crucifican” a otros en lugar de predicar la Buena Nueva y un largo etcétera. Y toda esta “infección” viene representada por una falta de libertad de expresión en todos los ámbitos que, estoy seguro, en el futuro sacará los colores a nuestros descendientes ante tal manifestación de sinrazones y de falta de libertad.

Un enemigo invisible

Un enemigo invisible se ceba con la población mundial y en lugar de luchar unidos, dejando a un lado las ilusorias diferencias, sacamos a relucir los improperios, el insulto y la venganza. Pues que queréis que os diga, a mí el “virus coronado” (cepa “odium”) me produce tanta tristeza como el que nos ha confinado en nuestros hogares. ¿Por qué no vemos la realidad tal como es? ¿Por qué tanta discrepancia e intolerancia? El orientalismo nos habla del concepto conocido como “maya”, que podríamos traducir como “ilusión”, es decir, que no vemos la realidad tal como es sino como algo “irreal”. Vamos a ver, ¿acaso lo que vemos no es igual para todos? Tenemos sentidos, un cerebro que razona… pues va a ser que no es así. Y modelos teóricos sociológicos, neurocientíficos e incluso místicos coinciden en asegurarnos que, como decía Borges, “soñamos el mundo”. 

La mente posee un “estructurador” de la realidad, que es similar a un programa cibernético, esto es, la mente está adoctrinada y moldeada por las estructuras de pensamiento de una cultura determinada.

La opinión de dos expertos

El reputado investigador Solomon E. Asch declara: “Es muy preocupante que hayamos confirmado científicamente que en nuestra sociedad hay una tendencia a la conformidad tan fuerte que gente joven, razonablemente inteligente y bienintencionada está dispuesta a llamar blanco a lo negro”. Solomon viene a decir que bajo presión social, de grupo o de instituciones los sujetos se ponen de acuerdo con los juicios erróneos y la visión de la realidad para amoldarse a la mayoría.

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Otro investigador, el Dr. Heinz Von Foerster ya descubrió hace años “que la mente humana no percibe lo que está `ahí´, sino que «cree y ve lo que debería estar ahí». Esto no debería sorprendernos, pues “ahí fuera” no hay luz y color sino ondas electromagnéticas. Nuestros sentidos “dan color y forma” a lo externo y luego la mente moldea con la cultura y las creencias la “realidad” sensorial que descifra. El cerebro percibe lo que desea percibir. Como dijo Michael Talbot, “no nacemos al mundo, nacemos a algo que convertimos en el mundo”. Y yo añadiría… en nuestro mundo particular. Parafraseando a Jhon Lilly: “En un campo de mentes interconectadas, lo que esta red cree que es cierto, o bien es cierto o resulta cierto dentro de ciertos límites empírica y experimentalmente verificables”.

Por eso deberíamos a estar muy atentos a lo que decimos y afirmamos o negamos. Cada individuo recrea y construye parte de una realidad que, como Internet, conectará a otros en su mismo paradigma y creencia, para bien o para mal. Jerome S. Bruner, del “Center for Cognitive Studies” de la Universidad de Harvard sostiene que “nos representamos el mundo a nosotros mismos y luego respondemos a esas representaciones”.

Místicos y yoguis, vaciamiento

Los místicos y los yoguis llevan afirmando esto desde tiempos ancestrales. Por eso el yoga tibetano y el budismo, entre otras tradiciones espirituales, hacen hincapié en la meditación, en “vaciarnos” de conceptos y del ego para desarrollar verdadera visión “penetrante” (lhakthong, vipassana). La experiencia de la “vacuidad” (“tongpanyi” en tibetano, “sunyata” en sánscrito) no es accesible, por todo lo expuesto, a través de los sentidos y del intelecto racional. Esta “omnipresencia inefable” de la Realidad Absoluta solamente es accesible desde la «deconstrucción» de los artificios que consolidan al “estructurador” de la realidad, que está compuesto de órganos sensoriales, cultura, creencias, emociones y ego. Ciencia y espiritualidad unidos para mostrarnos “lo que no es la realidad”, porque la mencionada Realidad Absoluta está “en y más allá de nuestros juicios”.
El yogui o el místico desciende a su “noche oscura del alma” para vaciarse en la oscuridad y ascender a la luz con la plenitud gozosa de la realización.

Estoy convencido de que el miedo, el odio y la intolerancia estructuran una consciencia colectiva que “crea el mundo tal como nos dicen que es y lo aceptamos sin más”. Deberíamos estar atentos a las palabras, a los pensamientos y a las emociones que percibimos y emitimos pues son los colores con los que representamos la realidad a través del pincel de la ignorancia.
“Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.” (I Corintios 13:12-13).

Sí, el amor todo lo puede, todo lo une y a todos nos ilumina.

El amor nos permite ver sin la oscuridad del ego. Hay muchas formas de conectar con él, pero deberíamos empezar primero a “limpiar” nuestro sucio espejo que distorsiona lo que vemos reflejado en él. El silencio es una puerta que nos conduce al “misterio” del ser en el que el amor es sustancia y esencia.
¡Hay esperanza y solución… si así lo creemos y expresamos!
Infinitas bendiciones.
#Realidad #Consciencia #Esperanza #Mente #Budismo #Ecuanimidad #Vacuidad #Sunyata #Tongpanyi #Dharma #Creencia #Fe

P. Francisco Javier Akerman Alonso

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