AÑO NUEVO… ¿VIDA NUEVA?

…¡Dong, dong, dong…! Y así hasta las doce campanadas durante las cuales, según la tradición, comemos las uvas de nochevieja y pedimos un deseo para el año nuevo que comienza.
La mayoría de esos deseos están centrados en el “yo”: “Este año dejaré de fumar” o “este año conseguiré ponerme a dieta y adelgazar” … ¿Cuál es el tuyo?
Podemos comenzar mejor el año cuando al final de las campanadas alberguemos el único deseo que nos llenará de paz y felicidad a todos: “Pedir con el corazón por los demás». Puede ser a alguien que conoces y que está pasando un mal momento; o intentar (y repito, «intentar» al menos) desear el perdón hacia un enemigo. Si además del deseo lo acompañas de algún acto benevolente y compasivo recién comenzado el año, mucho mejor: Una llamada conciliadora con el que tienes una «espinita clavada», o llevar personalmente una comida caliente a quien no tiene «calor en el corazón ni techo sobre su cabeza».
Si propones esta iniciativa a tus amigos, familiares o vecinos recibirás el mejor regalo de todos: La felicidad de dar sin esperar recibir.
AÑO NUEVO TIBETANO
El año Nuevo tibetano, o Losar, comienza con la luna nueva de los meses de febrero o marzo, el momento en el que el primer deshielo de la primavera llega a las planicies del Tibet.
Durante este período se pagan deudas, se resuelven las disputas, se hacen nuevas ropas, casas y monasterios se limpian de arriba a abajo, se pintan las paredes, las escaleras de piedra se friegan y se enceran, y se hacen docenas y docenas de “kapse” (lazos de harina fritos). Las familias sacan sus mejores alfombras y su servicio de plata. Se colocan símbolos de buena suerte en lugares estratégicos. Se encienden las lámparas de mantequilla. Se colocan flores en los altares. Se hacen grandes pilas de ramas de junípero, cedro, rododendro y otras hierbas aromáticas que se preparan para ser quemadas como incienso. En la noche de la luna oscura, la víspera de año nuevo, la familia se reúne alrededor de una humeante sopa con pasta rellena (“dumplings”) llamada “gutuk” que literalmente significa “la novena sopa”. Todo debe ser nueve. Debe haber al menos nueve ingredientes y todo el mundo debe tomar al menos nueve tazones de sopa (o pocillos medianos). Algunos de los dumplings esconden una sorpresa encerrada en la pasta, como entre nosotros en el roscón de Reyes.
RITO AL FINAL DE LA COMIDA o CENA TIBETANA: CEREMONIA “LUE”
Al final de la comida todo el mundo toma lo que ha quedado en su tazón y lo vuelve a poner en la cacerola junto con un mechón de pelo, uñas de los dedos de las manos y un trocito de tela vieja. Se limpia la chimenea (o el horno, cocina) y la suciedad también se añade a la cacerola. Una figura hecha de pasta (harina de cebada y mantequilla) que representa el mal colectivo y la mala voluntad de los últimos doce meses se coloca encima de todo lo demás. Entonces se toma la cacerola y ya bien entrada la noche se deposita en la intersección de dos caminos, en medio de chillidos, sonar de campanas y ruidos hechos con cacharros de cocina para que el mal contenido allí se disperse en las cuatro direcciones. Esta ceremonia, llamada “lue”, se hace para deshacerse de todas las fuerzas negativas al final del año para que el año nuevo comience sin ningún problema.
A LA MAÑANA SIGUIENTE
La mañana del primer día del nuevo año los tibetanos se levantan antes del amanecer, se bañan y se ponen sus ropas nuevas y sus mejores joyas, y luego todos juntos hacen ofrendas en el altar familiar.
Las ofrendas consisten en harina de cebada mezclada con mantequilla y azúcar lo que representa una abundante cosecha de grano, y yogur, que representa una abundancia de productos animales para el año que comienza. Cada miembro de la familia recibe un derka, que es una pizca de mantequilla recién hecha, un plato de kapsen o lacitos de Losar fritos, y una taza de espeso té tibetano hecho con mantequilla.
Mis maestros dicen que podemos hacer kapsen como si fuese una filloa gallega o churro, con harina, agua, mantequilla y azúcar, y le damos forma de lacito. Elaboraremos esta comida con plena atención y anhelo de compasión. Más tarde la familia va a visitar los monasterios de monjes y de monjas (o Gompas y escuelas de yoga tibetano como la nuestra) para ofrecerles bufandas de bienvenida blancas o “katag”.
¡Feliz y bendecido Año Nuevo para todos!
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Sobre el Autor
Javier Akerman
P. Francisco Javier Akerman-Alonso Presbítero anglicano, licenciado en psicología y maestro de yoga tibetano y meditación. Profesor titular de Religiones Orientales, Psicología Pastoral y Fenomenología de la Religión en el “Centro de Estudios Anglicanos” (Iglesia Española Reformada Episcopal – Comunión Anglicana. Autor de varios libros: Cocina para sanar emociones; 101 Remedios naturales infalibles, Sexo ¡Naturalmente!; 101 perlas budistas y cristianas.

