Evangelio con ojos nuevos

Primer día de enseñanza

Lo que pretendo enseñarte es algo sencillo: cómo se abre el Evangelio de una forma distinta. Hay muchas personas que lo han abierto -y todavía lo leen- y no sacan fruto para su vida. Piensa que es un libro que tiene vida, por ello, no lo puedes tomar en tus manos como cualquier otro libro o con las mismas actitudes de siempre.

¿Sabes por qué? Porque en los evangelios está la explicación que buscas, el aliento que necesitas y la sabiduría que alumbra las nieblas espesas de la vida. Quiero que cuando lo abras pienses en Jesús y en sus palabras; en las cosas que te diría en ese momento que estás viviendo. Imagínate que lo tienes delante de ti. Entiende: el que está contigo es Jesús hombre y le hablas como al amigo de más confianza. A ese amigo al que le cuentas todo sin miedos ni prejuicios. A ese amigo al que le abres el corazón de par en par. Si lees así este libro, tu vida cambiará. Jesús es el mejor anam cara, el mejor gurú, el mejor maestro.

Para que esto suceda necesitas OJOS NUEVOS PARA LEER. Por la vista entran tanto lo bueno como lo malo. Los ojos son grandes ventanas por las que nos asomamos al mundo y por las que éste entra a nuestro interior. Por el gran ojo espiritual situado en el entrecejo nos abrimos a las enseñanzas espirituales del Maestro. Los orientales creen que en ese lugar está el ojo de la intuición, el ojo interno. Pero no sólo los orientales, Moisés hablaba al pueblo de Israel diciendo: “Poned estas palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, atadlas a vuestra mano como una señal, y sean como una insignia entre vuestros ojos”[1].

Ojos de águila

El águila posee una vista extremadamente aguda que le permite visualizar desde grandes distancias a sus presas. Desde las cumbres observa lo que pasa a ras de suelo. De su hábitat sólo baja para cazar. Luego, vuelve a subir. El águila real posee dos puntos visuales: uno, para mirar de frente y otro, para focalizar la mirada hacia los costados escudriñando a la distancia. Si quieres ser águila, tienes que desarrollar la vista. Podrás volar en las cumbres y observar desde lejos cómo cacarean las aves de corral y cómo se deslizan los reptiles, los humanos que luchan por los bajos instintos.

De ahí que lo primero que nos interesa para entender el mensaje es limpiar la lámpara del cuerpo -nuestros ojos- y tener la visibilidad del águila. Los que miran como Jesús son capaces de ver más allá, tienen dos puntos focales, como el águila real: ven lo externo y advierten lo más profundo del corazón de cada persona.

Ésta es la visión que quiero para ti luego de que mires a Jesús en el Evangelio y converses con Él. Con esos ojos nuevos tendrás una mirada limpia, una mente despierta, un corazón receptivo y manos alzadas.

Sólo me queda recomendarte lo del libro del Apocalipsis “Te aconsejo que me compres oro acrisolado al fuego para que te enriquezcas, vestidos blancos para que te cubras, y no quede al descubierto la vergüenza de tu desnudez, y un colirio para que te des en los ojos y recobres la vista”[2].

Ya tienes el colirio por eso ves a Jesús a tu lado y háblale como a un amigo, cara a cara, sin intermediarios, ni interferencias.

[1] Deut 11, 18.

[2] Ap 3, 18.

Tomado del libro Leer el Evangelio con ojos nuevos de Gumersindo Meiriño Fernández, publicado en la editorial De Oriente a Occidente

Puedes descargar haciendo clic aquí el primer capítulo.
Si quieres leer el libro puedes pedirlo a la editorial De Oriente a Occidente, haciendo clic aquí.

Imagen de Sergey Nemo en Pixabay

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