El Peregrino Ruso

INTRODUCCIÓN

Al ofrecerle, al público en general, la obra de El peregrino ruso no queremos que pierda el auténtico sabor. Por ello no se dan muchas explicaciones ni se añaden tantas notas. No son necesarias porque el espíritu que mueve al peregrino ruso del siglo XIX es el mismo que al del siglo XXI, la búsqueda incansable de la verdad, que hace feliz al ser humano.

El sabor de boca que deja su lectura es especial. No leas, simplemente saborea, las aventuras y desventuras de este singular y sencillo personaje de la historia de la espiritualidad. Porque ya no se podrá hablar de espiritualidad cristiana, sin conocer y citar este relato. No es el único. No es el mejor. Pero sí es encantador.

¡Asombroso que este libro, del que no conocemos el autor, se haya vuelto un auténtico best-seller por sí solo, sin ayudas de ningún tipo de marketing o de promoción!

¿Por qué sucede esto?
Porque es sencillo, ágil, real, conmovedor.
No te pierdas en la erudición. No te importe saber mucho de los autores que cita con frecuencia el peregrino. Ni de la corriente teológica de la que provienen, ni la influencia que tuvo en la espiritualidad cada uno de los teólogos mencionados.

En general, son autores espirituales que aparecen citados en la Filocalía.

Filocalía, literalmente significa «Amor a lo Bello». Es un libro que recoge los escritos espirituales más bellos del Oriente cristiano. Se publicó por primera vez a finales del siglo XVIII, y en el tiempo del peregrino era un libro muy conocido en los ambientes que él se movía: el de los conventos y la gente piadosa.

El peregrino ruso no necesita de tal erudición, le basta con la Biblia, la Filocalía, unos mendrugos de pan y la curiosidad por conocer el mundo del espíritu. Pero, es sabio, muy sabio, con la sabiduría que procede no del mucho estudiar sino de la otra, la de los pequeños, “porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños” (Lc 10,21).

El lector tampoco necesita mucho más para adentrarse en el mundo del peregrino. Un lugar cómodo, relajado y el espíritu abierto para digerir sabiduría espiritual que va condimentada con aventuras y desventuras de un caminante en la Rusia del siglo XIX.

Cuando empieces la lectura, carga tu mochila a la espalda, ponte al lado del peregrino, recorre con él los cientos, miles de kilómetros, anota tus impresiones en tu cuaderno de ruta, sentado a la sombra de un árbol. Pasa hambre, sed, disfruta del agua clara y cristalina de las fuentes, canta, reza, baila, escucha el viento, los pájaros, mira la luna, el sol…, pero, sobre todo, camina. Porque, en definitiva, este es tu destino y el mío, el mismo que el del peregrino ruso, caminar, caminar, caminar.

P. D. Hay ediciones de El peregrino ruso, en el que aparecen otros tres relatos, que fueron escritos por otro peregrino. En ese tiempo hubo muchos, pero “el peregrino ruso”, por antonomasia es el de estos relatos que te ofrecemos, gentileza de la Editorial De Oriente a Occidente (www.editorialdeoao.com)

Gumersindo Meiriño Fernández

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Hermanito

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