La experiencia fundadora del Islam 2. La coherencia

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Para entender plenamente este artículo conviene leer la primera parte haciendo clik aquí , la experiencia fundadora del Islam

Foto https://okdiario.com
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Y una clave de interpretación que vale para todas las religiones, y esto sí que es muy positivo, es lo que yo llamaría la coherencia. Allí donde nuestra postura no es coherente con lo que proyectamos sobre Dios, no es coherente con Dios, no puede venir de Dios. La experiencia del misterio de Dios nunca es agresiva. Yo se lo digo a los musulmanes, a algunos que tienen tendencias un poco fundamentalistas: donde hay agresión no está Dios. Toda palabra que digamos que viene de Dios, si es agresiva, no puede venir de Él. Dios sería incoherente y Dios es infinitamente coherente. Es más justo poner en duda una Escritura que hacer incoherente a Dios. Y este es un criterio que hay que aplicar, y nosotros deberíamos arrancar más de una página del A. T. También porque eso del pueblo elegido… ¿podemos comenzar a hacer matices y distinciones…? Dios es amor y el amor no distingue y lo que no se parece en nada al Dios amor y al Dios que ama a todos los pueblos y a todos los seres humanos no viene de Dios.

La libertad del ser humano

Así que nada de agresividad, nada de negatividad, nada que suprima lo que Dios ha hecho, nada que cree carencias en los derechos de las personas. Si Dios ha hecho al hombre y a la mujer iguales, ¡que no vengan en nombre de Dios a quitarle a la mujer derechos que ya tiene porque viene de Dios! Si Dios ha hecho al hombre libre, ¡que no venga ninguna religión, basándose en Dios, a quitarle esa libertad a quien sea, hombre o mujer! Y ésa es la norma que deberíamos sacar ya de esta primera pincelada. El que hace la experiencia de Dios se hace como dice Krishnamunti, como cuando tocamos, aunque sea levemente, la realidad de Dios. La experiencia de Dios hace que tengamos un alma ecuménica, un alma hospitalaria con todas las creencias. Cuando ponemos vallas, límites y fronteras, desde luego no estamos haciendo lo que Dios quiere; es el signo más seguro de que no hemos hecho la verdadera experiencia de Dios.

Emilio Galindo Aguilar

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