El lado místico del Islam, los sufíes

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Baile sufí en la iglesia de san Francisco Avila, imagen de archivo deoao.org

Guía para circular por el mundo de los sufíes

Cuando veáis que una realidad tan exigente, tan radical, tan definitiva como el sufismo se pone de moda y se vende por tres cuartos en los mercadillos de las apariencias, sonad a señal de alarma porque, con toda seguridad, se está manipulando al hombre, prostituyendo su Misterio.

Cuando constatéis que fuerzas extrañas atrofian el “ojo interior” de los hombres haciéndolos ciegos para la Luz de lo Hondo e insensibles a la Energía que penetra y sostiene todo, estad seguros de que vamos irresistiblemente hacia el mundo de las tinieblas, hacia la tierra inhóspita del absurdo.

Cuando sintáis que los hombres de la Institución se adueñan del Fuego Nuevo, domestican la Hoguera de siempre, ponen bridas al Viento, diques al Gran Mar, legislan sobre el Amor, andad precavidos y sabed que están preparando el mundo de las cenizas.

Cuando pedagogos del absurdo y maestros de las apariencias  adoctrinen a los hombres para que se evadan de sí mismos y no luchen  contra el ego que los desintegra a fin de que no entren en la integración total que evoca, provoca y convoca el Amor, vestíos de negro luto, matad las risa, llorad todas las lágrimas, porque robaron al hombre su total razón de ser, su única esperanza.

Cuando oigáis a que los hombres de la ley  arrancan de los labios de los enamorados de Dios la copa de Vino, “antes de la creación de la vid” , prohibiéndoles en nombre de esa ley la borrachera del Espíritu, rebelaos con todo el ser, movilizad vuestro corazón, porque leguleyos y los dogmáticos nunca sabrán lo que es el Vino del Amor, nunca sospecharán lo que es la embriaguez con el Amigo.

Porque en este mundo nuestro, si el fuego no se prende y la Hoguera se apaga, si el Vino no corre abundante y los corazones no se embriagan, si los sentidos de dentro se duermen y hasta se atrofian, si el ego se adueña de todo el hombre e impone su ley, el hombre olvida su origen, se aliena, se muere y la creación entera se vacía de sentido, se queda huérfana de Misterio.

Y precisamente eso, todo eso, es el sufismo: el que despierta al hombre por dentro, el que enciende y atiza el Fuego, el que escancia el Vino añejo, el que enseña la alta pedagogía del Viento el pedagogo insobornable del Misterio.

Emilio Galindo Aguilar
Padre Blanco
Profeta del diálogo islamo-cristiano

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