Flexibles y conscientes

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rio mandeo chelo web          Recientemente he participado en un entrenamiento en mindfulness de ocho semanas que ha hecho que viva y me acerque a los acontecimientos de lo cotidiano, de modo  muy diferente.

El pasado domingo he ido con la profesora a una ruta de senderismo consciente por las Fragas del Río Mandeo en Chelo.

Es un paraje natural muy hermoso a menos de 30 km de la ciudad en la que vivo, La Coruña.

Me levanté muy temprano, cuando todavía estaba despuntando el alba, dispuesta a iniciar ya el día, muy consciente a todo lo que sucediera dentro y fuera de mí.

La climatología de la jornada anterior había sido la normal de un día primaveral del mes de abril,  con sol y temperatura suave.

Cuando salté de la cama note que hacía frío dentro de la casa, el agua golpeaba con fuerza los cristales y el mar se mostraba ante mis ojos revuelto y embravecido.

Como estaba tranquila, me había levantado con tiempo suficiente,  y procuraba estar  a lo que tenía que estar, AQUÍ Y AHORA,  me di cuenta de  que la ropa y el calzado que la víspera había previsto ponerme para la caminata no era de lo más adecuado y decidí con calma y consciencia elegir otro.

Nuestro camino partió de las instalaciones del Centro de Interpretación de la Naturaleza que hay a la entrada del paraje.

La profesora nos habló de mantener una actitud de apertura a lo que fuera surgiendo y que caminaríamos de modo consciente y en silencio, con mente de principiante y apertura a todo lo que nos fuera ofreciendo el bosque y el río en ese día.

El camino, como la vida, era en algún tramo fácil y descansado y en otros difícil y exigente. A ratos llovía y el cielo se volvía plomizo, a ratos escampaba y lucía un  sol de primavera con esa luz limpia, de incomparables tonalidades, que sólo brilla tras las tormentas.

Los helechos, los árboles de la ribera y los del resto de la fraga, toda la vegetación de ribera en su conjunto, tenía a mis ojos un color intenso e incomparable.rio mandeo encarna

A ratos se escuchaba el canto de algún mirlo y, de fondo, SIEMPRE, la profunda voz del río, que bajaba torrencial rebotando contra las abundantes piedras del lecho.

Era en los momentos en los que el camino se  me hacía más “cuesta arriba”en los que me sentía más agradecida a Dios por haberme dado la buena idea de elegir aquellas botas de goretex tan cómodas, seguras y calientes, que me permitían caminar con agilidad y seguridad por aquel terreno tan resbaladizo y lleno de fango.

Desde niña he estado en muchas ocasiones en Chelo, pero nunca lo había vivido de esa manera, presentándose a mis ojos como si fuera la primera vez que visitaba el paraje.

La conclusión que he sacado de esta experiencia es que cuando hacemos las cosas con tiempo y calma, prestando atención, estamos mucho mejor preparados para tomar decisiones acertadas ante el devenir cambiante de la vida.

Que es fundamental cultivar la FLEXIBILIDAD DE CONDUCTA, no en el sentido de “CONSENTIR O CEDER” a lo que quieren los demás, sino en su sentido más genuino de adaptarnos rápidamente a los cambios que la vida, las circunstancias, los tiempos y las personas nos proponen, rectificando adecuadamente actitudes y puntos de vista para conseguir resolver mejor las situaciones y los problemas y así,  vivir más felices y obtener resultados más satisfactorios.

Que el vivir el momento presente con ACEPTACIÓN Y PREDISPOSICIÓN POSITIVA a lo que vaya surgiendo en cada momento, nos hace personas más felices y resistentes.

Fue un día maravilloso vivido con aceptación a lo que el día y la naturaleza nos fue regalando: con lluvia, sol, luz maravillosa, viento y cansancio físico.

Si hubiera salido de casa malhumorada, pensando, ¡qué mala pata, que chafada ir de caminata con este día de perros!, habría desperdiciado una experiencia inolvidable.

Cuando al atardecer regresé a mi casa, me sentía satisfecha, feliz y en paz conmigo misma y con el mundo.

Me preparé una infusión calentita, me tumbé en el sofá y me quedé profundamente dormida.

Me despertó el sonido de mi teléfono móvil.

Era un mensaje de whatsapp de una gran amiga con la que compartí día, experiencia y caminata.

Decía así:

Hay que ver qué bien me vino la caminata mindfulness.

Se me fue toda el agua de la lavadora por fuera y yo, como si nada:- ES LO QUE HAY, ACEPTALO Y SECA-, me decía”.

Eso sí, acabé con las piernas doloridas de tanto estar agachada y las manos resecas

Paz y bien

Encarna López Cadaveira

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