«Una fémina inquieta y andariega». Teresa de Jesús. VI
“Fémina inquieta y andariega”
(Teresa de Jesús)
Dejamos a Teresa de Jesús, jovencita, enferma de gravedad y comentamos de forma muy somera el sentido profundo que tiene la enfermedad como escuela del espíritu para prepararse a recibir los dones de Dios y cumplir su misión en el mundo. Pero, ¿cuál era en concreto la misión de aquella jovencita enfermiza?
Cuando tenía veinticuatro años sanó de estas graves dolencias, según ella, gracias a la intercesión de San José, el padre adoptivo de Jesús. Durante varios años fue una monja carmelita que recibía muchas visitas y se comportaba como una más, con las costumbres de su época, según ella, un poco dispersa en las vanidades del mundo. A partir de los cuarenta años empieza a tener experiencias espirituales extraordinarias, visiones, arrobamientos…. A los cuarenta y cuatro vive por primera vez el fenómeno llamado transverberación, que le haría famosa.
En el año 1561, a los cuarenta y seis años decide emprender la Reforma del Carmelo, promoviendo una vuelta al espíritu original nacido en el monte Carmelo. Las monjas carmelitas han de llevar, según ella, una vida más sencilla, más retirada, de más oración, menos visitas y de mayor entrega a Dios.
A los cuarenta y siete años funda el primer monasterio reformado de las Carmelitas Descalzas, el convento de San José, en su ciudad natal, Ávila. Son años de gran movimiento para la santa, que salvo periodos intermitentes de estancias un poco largas en algunos de los conventos, ─por ejemplo, en el de la Encarnación de Ávila, en el que fue priora─, su vida es un continuo andar de un lado para el otro; de fundaciones, de enfrentamientos con la Insumisión, de disputas entre monjes calzados y descalzos, de nuevas fundaciones, de horas escribiendo sus memorias y sus experiencias místicas, por petición de su confesor.
Fundó, a partir de esa edad, varias decenas de conventos, repartidos por la geografía española. En una de las polémicas con los eclesiásticos el nuncio de España le llegó a denominar “una fémina inquieta y andariega”.
Escribió cuatro grandes obras que son libros de cabecera para los que quieren seguir a Jesús en la oración y meditación cristiana: El libro de la vida; Las fundaciones; Camino de Perfección y Las Moradas o Castillo interior.
Estos son algunos de los rasgos de la misión de la gran Teresa de Jesús, ciertamente una vida novelesca y grandiosa. A lo que hay añadir si cabe, la época en la que vivió, siendo mujer, para darse cuenta de que en muchas ocasiones remaba contracorriente, con la fuerza de la fe y la guía de seres espirituales, entre los que se hallaban hombres de gran personalidad y fuerza en la historia, como Juan de la Cruz, Francisco de Borja o Pedro de Alcántara…
Sin embargo, el viaje y el movimiento más sorprendente en Teresa es el del espíritu. Esta “fémina inquieta y andariega”, llegó a lugares que pocos han podido explorar como manifiestan los fenómenos místicos extraordinarios, algunos de los cuales ya los hemos citado como las visiones y la transverberación…, de ellos hablaremos la próxima semana. Hasta entonces, Dios los bendiga.
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