El fuego, ¿dónde está?
Dicen que hubo un sabio que en la antigüedad descubrió el arte de hacer fuego. Lleno de alegría quiso comunicar su arte a las demás tribus. Se fue a una tribu del norte, donde hacía mucho frío, y les enseñó el gran invento. Lo aprendieron en seguida y estaban tan contentos que fueron a darle las gracias al maestro. Pero éste ya se había ido, porque era un gran hombre al que sólo le importaba el bien del prójimo.
Entonces fue a otro lugar a enseñar el arte de hacer fuego; pero en esta tribu, primero le recibieron los sacerdotes, que se quedaron perplejos y se preguntaban: ¿de dónde venía la magia con la cual hacía fuego este hombre? Luego de estudiarlo a fondo y al ver el éxito que tenía el fuego entre los miembros de la tribu les entró la envidia y los celos y decidieron darle muerte. Después de un juicio sumarísimo le condenaron y lo mataron. Pero pensaron, para que el pueblo no los culpase, que sería bueno hacerle un homenaje. Ordenaron hacer una gran escultura, lo subieron a un pedestal, y la colocaron junto con el invento de hacer fuego, para que toda la tribu lo venerase. Y en aquella tribu ya nunca más hubo fuego, sino veneración y alabanzas.
Ante esta historia nos podemos preguntar dónde está el fuego que trajo Jesús. «He venido a traer fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera encendido!” (Mt 12,49). Uno se queda observando a los que se dicen cristianos que van a la iglesia y llevan en las manos imágenes de santos, a los que recorren las calles de los pueblos con aparentes rezos…
Siempre me llamó la atención las palabras duras pero reales de Julien Green, el famoso escritor. Cuenta, cuando relata su conversión al catolicismo y ya decidido a abrazar la fe, que le gustaba ponerse a la puerta de las templos cuando salían de la misa y observar a los católicos. Y comentaba: “no entiendo a estos católicos dicen que van a participar en el Calvario y salen hablando del tiempo”
Quizá debería añadir que salen haciendo chismes del vestido de tal señora o de tal señor o qué hará fulanito en la misa con los pecados que tiene o por quién diría el cura esto o aquello.
“Fuego he venido a traer a la tierra”, ¿dónde está el fuego que Jesús trajo a la tierra? Ante los cristianos aburridos y adormecidos que nos encontramos en la salida de las iglesias no parece que arda.
Estas son buenas noticias sé que hay corazones encendidos en el amor de Jesús que se levantan cada mañana con una sonrisa nueva que son capaces de mirar cara a cara a la luz que surge en el firmamento. Personas que con su coraje, su amor llenan el corazón y la vida de las personas que están a su lado.
Pero, ¡ojo!, no nos engañemos. No pensemos que con unas cuantas devociones y miradas a unas imágenes justificamos nuestra fe. Y lo que Jesús trajo al mundo, el fuego, ¿dónde está?
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