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Todo lo que pasa

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Imagen Alejandro Vaccari

Todo lo que pasa…

En una canción de Patricia Sosa, que dedicaba a su hija, decía: no pierdas la Fe, no pierdas la calma, todo lo que pasa, dejará su lección… es una reflexión muy bella

La pregunta del millón entonces sería: ¿Qué tenemos que aprender de esto?

Además por supuesto de ser mas solidarios, de ayudarnos mutuamente, de interesarnos aún por el vecino próximo, de no promover ni hablar desde el miedo, además de no entregarnos a la desesperación y a la tristeza, además de no rendirnos ante la dificultad…

¿Qué tenemos que aprender de esto?…  Iría de la mano de la razón, ¿porqué pasa lo que pasa?…

Tratando de no adivinar, me surgen un par de ideas:

1 Todos Somos Uno. Ya no somos un mundo de países aislados, parece así por las fronteras, pero en realidad éstas son solo una división política establecida, compartimos el mismo mar, el mismo aire, por lo que en realidad nunca  estuvimos aislados, y hace rato ya, que lo sabemos, aunque no lo incorporamos aún: “todos somos hermanos, todos vamos en el mismo barco Madre Tierra y por tanto, todos somos uno”.

Lo que pasa en una ciudad de China, genera un enorme problema mundial, a miles de kilómetros de distancia, y en miles de otras ciudades y países.

Esto es por tanto análogo a lo que pasa con los bosques del amazonas, al descuido y abuso que hacemos de los recursos naturales, a cualquier sobre explotación del suelo, al poco respeto que tenemos con los ríos, los lagos y los mares, incluso  lo que pasa con la precariedad y la pobreza, por ejemplo, en el Chaco argentino, las villas y las tomas en Bariloche y Buenos Aires, etc.

Todo lo que pasa, particularmente: el descuido, el obrar incorrecto, cada torpeza, todo lo que hacemos dejará su marca y lección.

Lo bueno, es que pasará lo mismo con lo positivo. Todo está unido.

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2 Solo el amor transforma las cosas. Porque mucho tienen que ver los valores, el respeto a la naturaleza por ejemplo, no surge espontáneamente, ni siquiera se puede imponer desde las leyes que solo serán transgredidas tras cada beneficio egoísta, o incluso por la necesidad o por la ignorancia.

Hay que amar el entorno, así como es más fácil amar el propio hogar, la familia, los hijos… hay que extender ese amor al prójimo,  a la patria, a la Tierra, son entornos envolventes y cada vez más grandes y abarcativos. Y si, la palabra “inclusión” tan de moda hoy día, no es más que eso, una extensión del amor.

El hogar, es una palabra tan grande como el mismo universo, puede extenderse desde la cama propia, hasta la ciudad, el planeta o mucho más.

Amar la vida, la naturaleza, la belleza de las cosas, la diversidad y amarlo todo, seguramente no es fácil, pero es en sí, el gran camino.

Aún estando de paso por esta tierra, la única forma de respetar y cuidar, surge del sentido de pertenencia: esto también es mío, soy parte de este bosque por el que transito, soy hermano de la piedrita que veo en la montaña, del Sol y del ave que surca los cielos, la belleza que ven mis ojos también es inevitablemente también, mi propia belleza.

San Carlos de Bariloche

 

3 Crecer y compartir. Necesitamos aprender a crecer y a compartir.

Crecer es tal vez el derecho y la obligación más escencial, crecer en conocimiento, en valores, crecer como persona, aprender a ser más capaz, más íntegro, superarse a sí mismo es tal vez el gran derecho vital y la obligación de todos y cada uno.

Al crecer surge inevitablemente la necesidad de compartir, el sano deseo de elevar el entorno, de enseñar lo aprendido que no es más que compartir lo que se tiene.

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El conocimiento barre la ignorancia, en la misma medida que  la especialización, que es bastante parecida a la experiencia y luego la capacitación y la pericia barren con la pobreza y la miseria.

Compartir bienestar, no es necesariamente repartir los bienes, es más bien enseñar a otros como alcanzar la prosperidad, que es bien diferente (de allí vendría esto de enseñar a pescar… por ejemplo).

Imagen de Alejandro Vaccari

Esta es tal vez, mi responsabilidad hacia mi vecino, o la de mi pueblo con la ciudad de al lado, o la obligación de los países más desarrollados hacia los menos desarrollados, no se sale del sub desarrollo con créditos y deudas interminables e impagables, el préstamo termina inevitablemente en despilfarro y derroche, porque no hay ética ni experiencia en la administración del recurso, esto, al igual que lo que hacemos en Argentina internamente con los interminables subsidios, no es más que populismo, es pretender hacer y cambiar una realidad, sin hacer nada de verdad al respecto, sin  valores sinceros, sin el menor compromiso serio.

Creo en resumen que este evento nos está pidiendo  una nueva sociedad, una Aldea Global más unida, sabiendo que somos distintos y a la vez iguales, más amorosa incorporando sentimientos de querencia, de pertenencia y respeto y finalmente aprendiendo lo que significa compartir y crecer.

Habrá seguramente muchas ideas más, de porque pasa lo que pasa, todas seguramente con sus razones y sus puntos de vista, algunas serán muy válidas y podrán enriquecer la mirada que hoy comparto; porque a fin de cuentas cada idea, no es más que una interpretación parcial, desde un propio punto de vista.

Cuando tratamos de comprender, simplemente un universo de cosas a veces incierto, misterioso y a la vez infinito.

Desde san Carlos de Bariloche
Alejandro Vaccari

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  2. María José Lencina Artigas
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