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“Des-oprimirnos” en el Camino de Santiago

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Imagen de Fray Francisco J Castro Miramontes

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Un santuario es un edificio construido por manos humanas que trata de acotar el terreno para poder crear ambiente de hogar espiritual. De manera que el alma se pueda expandir, paradójicamente, más allá de lo visible, más allá de lo material.
Un santuario es, como su nombre indica, un lugar santo. Espacio sagrado de encuentro entre lo humano y lo divino, en donde el alma puede alimentarse, fortalecerse, y sanar heridas.
Era ya noche, el silencio ambiental abrazado por el canto gregoriano de fondo creaba un espacio místico para el encuentro y la comunicación íntima.
Una persona me preguntó qué podría significar el hecho de que recientemente hubiera abierto la Biblia y hubiera encontrado una frase que se refería a “des-oprimir” al oprimido.
Poco antes, en el Santuario, había tomado en sus manos el texto sagrado, y abriendo al azar, nuevamente había salido a la misma frase.
Mirándole a los ojos, que es una forma de respeto, de comprensión y, al mismo tiempo, de abrazar la dignidad de la otra persona, de manera espontánea, le dije que “des-oprimir” comienza por nosotros mismos, por tantos miedos, complejos, vicios, pasiones desbordadas, heridas, que nos afligen por dentro y nos esclavizan. Y que evidentemente también pasa por “des-oprimir” al prójimo, a quién está a nuestro lado, al más cercano, porque todos, por nuestra condición humana, sufrimos tantas y tantas formas de opresión.
Se emocionó, escuchó lo que necesitaba escuchar. Le regale un libro titulado “historias que curan el alma”. Y se fue, el camino de la vida sigue, y cada cual ha de afrontarlo cada día, en cada etapa, paso a paso.
“Des-oprimirnos” para descubrir el caudal de bondad que brota de lo más profundo de nuestro ser y, descubierto el amor esencial, ponerlo en práctica. Hacer el bien a los demás, considerar que toda vida es sagrada. La tuya también.
Ultreia e Suseia. 
Buen Camino
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