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Cristo «el perfecto yogui»

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Jesús de Nazaret es «perfecto Dios, perfecto hombre…. y perfecto «Yogui»»

Comenzaré aclarando que este artículo ha sido escrito con sumo respeto, alejado de cualquier posición herética. Al contrario, creo que permitirá conocer desde otra perspectiva – la del Yoga Tibetano – esa figura apasionante de Cristo, Rey de Reyes y… Supremo Yogui de Yoguis.
En el Nazareno he podido vislumbrar cualidades humanas que nos describen a un “Hombre Realizado, totalmente “despierto” (en el sentido oriental de “Buddha”)”, con una Visión Penetrante que despeja las oscuridades de los corazones de aquellos a los que mira con su dulzura infinita. Recordemos que Nuestro Señor Jesucristo es “Perfecto Hombre”, y a través de su perfecta naturaleza humana podemos descubrir la Presencia de Dios encarnada también en sí mismo; nos llama a imitarle, para “tratar de ser perfectos, como el Padre es perfecto”.

La Lhaktong- hesiquía o Vipassana

En Yoga Tibetano los practicantes aprendemos a desarrollar un tipo de visión “no dual” de la realidad denominada en tibetano “Lhaktong” o “Visión Penetrante” (Vipassana en sánscrito). La visión penetrante erradica el sufrimiento condicionado por las visiones erróneas de la realidad, que están oscurecidas por el ego.
Lhaktong nos permite reconocer la naturaleza de la propia mente. En el nivel de visión “normal” o egoica, nuestra mente está llena de conceptos dualistas que nos separan de la experiencia real de la vida.  Sin embargo, si la mente logra estabilizarse y “reposar” en la quietud del cuerpo y la calma mental (la “hesiquía” de los Padres del Desierto), ésta se vuelve flexible, maleable y penetrante: Surge así “lhaktong”. 

Mediante el método de meditación en la calma mental aprendemos a focalizar la mente, estabilizarla y controlarla. Y desde ahí podemos “conectar” con lhaktong, que es un tipo de visión que alimenta la sabiduría del Ser y nos permite ver las cosas “tal como son”, incluidos los seres humanos. El desarrollo de esta visión no dualista nos hará ecuánimes y bondadosos, pues permite reflejar la Luz del corazón, del alma misma. En definitiva, nos conecta con Dios y con Su Presencia en el mundo, incluidas las personas. ( 1 Cor. 13: 12. Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido).
En las tradiciones orientales se dice que esta visión radica en el “tercer ojo”, Ajna Chakra en el Hatha Yoga o glándula pineal desde la neuroanatomía.

El ojo y la presencia de Dios

Pero si nos acercamos a las Sagradas Escrituras encontraremos ricas y profundas enseñanzas, algunas de las cuales son sorprendentemente convergentes con este concepto.
Por ejemplo, en hebreo “ojo” se denomina “ayin”, que significa, además del órgano de la visión, también “fuente”; en griego “ophthalmós”, relacionado a su vez con “opsis”, “vista”, de una raíz que significa “penetrar, afilar”.

El ojo es, simbólicamente, el reflejo de la presencia de Dios. (cf. Prov.15:3).

Jesús utilizó esta idea cuando nos habla “del ojo sencillo por el cual todo el cuerpo está lleno de luz; pero si es malo, todo el cuerpo estará lleno de tinieblas” (cf. Mt. 6:22, 23).

Así llegamos al concepto cristiano de “lhaktong” y el modelo escritural de esta “visión penetrante” lo ejemplariza el mismo Cristo, cuando sus ojos son descritos como “llama de fuego” (cf. Ap. 2:18), porque se creía, al parecer, que este órgano emitía una luz con la cual la visión resultaba mucho más perfecta. Jesucristo tiene un “foco de luz” potentísimo en sus ojos (lhaktong), con los que puede penetrar hasta los más profundos escondrijos de las almas y los corazones. Siguiendo el ejemplo de Ap. 2:18, Él puede contemplar la vida de la iglesia de Tiatira y las infidelidades de algunos de sus miembros.

El “ojo misericordioso” es el que ve la necesidad del prójimo y le socorre (Prov. 22:9). Cristo nos enseña a seguirle también en el camino de los yoguis, a que desarrollemos esta Visión de Luz. La oración, la meditación y el servicio al prójimo nos conectan con Él, y con el desarrollo de la Visión (lhaktong) podremos comprobar que “en Él vivimos, existimos y tenemos nuestro ser”.

P. Francisco Javier Akerman Alonso

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