La Sibila del Rhin, Hildegarda de Bingen

Hildegarda nació en Alemania a finales del siglo XI, en el año 1098 a orillas del río Nahe en un pueblo llamado, Bermersheim. Como ya tenía nueve hermanos, como parte del famoso diezmo, Hildegarda fue entregada a la iglesia, –cuando todavía era una niña–a una abadesa que marcaría su vida llamada, Jutta von Spanheim. Entre otras cosas le transmitió la afición por la música y le enseñó latín. De pequeña tenía continuos dolores de cabeza que desaparecieron cuando se hizo mayor después de una visión.
La visión
En el monasterio conoció a Volmar, un monje benedictino que sería su gran compañero de camino. No en vano Jesús enviaba a sus discípulos de dos en dos. A él le contó sus visiones que tenía plenamente consciente desde hacía muchos años y que no se atrevía a contar a nadie, hasta que pudo hacerlo a Volmar.
A los cuarenta y tres años la luz viva le “dijo” a Hildegarda que escribiera y contara lo que veía y oía. Lo cual haría Volmar, a quién ella dictaba sus visiones, y, también la que fue su asistente, la monja Ricardis.
Poco antes había sido nombrada abadesa del convento.
La hereje
Una vez conocida las cualidades, sanaciones con la música, con las hierbas y con las piedras; composiciones musicales, escritos teológicos y filosóficos, predicciones…, fue considerada como una hereje. Al ver que ni tan siquiera la protección de Volmar le beneficiaba escribió al gran teólogo y místico de la época, hombre muy cercano al Papa, Bernardo de Claraval, que confirmó ante el Papa, que Hildegarda era una mujer respetable e incluso pidió que leyese alguno de sus escritos en público.
La Sibila del Rin
A pesar de contar con muchos, gracias a la protección de Bernardo de Claraval, la obra y la fama de mística se difundió rápidamente hasta llegar a ser llamada «la Sibila del Rin».
Con su empuje y fortaleza, –para evitar roces con los monjes varones- fundó una abadía para sus monjas en el monte de San Ruperto, cerca de Bingen.
Luego empujada por la voz y acompañado por su inseparable Volmar, se dedicó a viajar y a predicar a sacerdotes por toda Alemania y llegó a tratar con los hombres poderosos del imperio otomano. Es bueno recordar que estamos en el siglo XII para entender la grandeza de todo lo hecho por Hildegarda.
Es considerada la primera sexóloga de la historia (¡una mujer y monja en el siglo XII hablando de sexualidad y describiendo el orgasmo!). También la primera mujer médico. donde otras cosas habla de la importancia de la alimentación para la salud (algo que hoy siglo XXI parece hemos descubierto)
Profetisa, santa y doctora de la Iglesia
Hildegard von Bingen falleció a los 81 años de edad. En Alemania siempre se le consideró santa pero ese título no llegó de forma oficial hasta el año 2012 en la que un Papa alemán, Benedicto XVI, la declaró santa y poco tiempo después, Doctora de la Iglesia.
Una mujer del siglo XII que está siendo re-descubierta ahora en pleno siglo XXI y donde muchos de sus conocimientos y aplicaciones en medicina natural, musicoterapia, sanación con piedras, filosofía y teología se están estudiando con gran interés.
Es muy recomendable ver la película sobre su vida, se titula VISIÓN, la puedes encontrar haciendo clic aquí.
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