Frutos inmateriales e invisibles

Alto do Cebreiro, Paco Castro Miramontes ofm

Todo aquello por lo que el hombre se ufana en esta vida es fruto de su mente, y el producto de su actividad es material o allende a ella y nada de ello pertenece al Reino inmaterial, por lo tanto invisible del Padre, mientras que el fruto de un corazón bondadoso: actos de amor inigualables, palabras amables, sonrisa eterna, comprensión más allá de lo que comprende la mente humana, perdonar antes de que éste necesite ser otorgado, siempre agradecido, en fin, todo lo que al amor compete, son los frutos inmateriales e invisibles del Reino.

Dijo Jesús en el evangelio de Tomás: “Había un hombre rico que poseía una gran fortuna y dijo: Voy a emplear mis riquezas en sembrar, cosechar, plantar y llenar mis graneros de frutos, de manera que no me falte nada. Esto es lo que él pensaba en su corazón; y aquella noche se murió. El que tenga oídos, que oiga”.

Entonces, ¿de qué le sirve acumular riquezas de este mundo al hombre?, si ninguna de ellas lo acredita para poder ingresar al cielo, y el día que le toque partir de él, ¿con el fruto de qué tipos de obras crees tú que entrará allí?, donde son ellas las que atestiguarán por él.

Queda claro que ambas cosas son compatibles en tanto y en cuanto las riquezas materiales no posean al hombre.

Aquél que entiende como cierta esta interpretación de las palabras de Jesús, habrá adquirido los oídos necesarios para poder oírlas.

Hasta la próxima.
Graciela Zaimakis

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