Donde está nuestra atención, está nuestro corazón
Vieron a un samaritano que llevaba un cordero camino de Judea y dijo a sus discípulos: “¿Qué hace éste con el cordero?”. Ellos le dijeron: “Irá a sacrificarlo para comérselo”. Y les dijo: “Mientras esté vivo no se lo comerá, sino después de haberlo degollado, cuando el cordero se haya convertido en cadáver”. Ellos dijeron: “No podrá obrar de otro modo”. Él dijo: “Vosotros mismos, buscad un lugar para vosotros en el reposo, para que no os convirtáis en cadáveres y seáis devorados”.
No es que Jesús no supiera qué iría a hacer el samaritano con el cordero, sino que nuevamente vemos aquí cómo no perdía oportunidad de hacer las analogías con las cosas que cotidianamente sucedía a su alrededor con aquellas que Él trataba de explicar, que eran invisibles a los ojos de los hombres.
Este versículo es prácticamente una continuidad del anterior, pues nos dice que aquel que no busca en vida el lugar donde irá a reposar el alma, se convierte en cadáver antes de morir, fácil presa de ser devorada por el maligno; pues la búsqueda de Dios, en vida, mantiene nuestra atención adherida a Él y donde está nuestra atención, está nuestro corazón.
La imagen es de Francisco Castro Miramontes ofm, desde o Alto do Cebreiro– Galicia España

