Mi fantasma más temido

La infidelidad en la pareja es mi fantasma más temido, no encuentro otra forma menos directa de contártelo. Todo empezó hace unos años atrás cuando la vida me puso a prueba en esta cuestión, y ahí estaba yo con mis 30 años equipada de CERO herramientas para resolver lo que se me presentaba; en ese momento me hubiera sacado un 10 en cómo ser la persona más ejecutiva en mi trabajo y un 1 en cómo ser la persona  más ejecutiva en mi vida personal.

Llevábamos 4 años de una relación inmadura, 1 más de idas y vueltas, y 2 extras de retorno pseudo – convivencia que fueron mi gran despertar. Los despertares no vienen solos, siempre están acompañados de situaciones y personas de piel y hueso; Fiorella una runner despampanante, muy alta, de facciones hermosas, y de gran carisma; y mi ex pareja en estado de infatuación total con ella por 2 largos años fueron los personajes asignados que me puso la vida como desafío en su juego de aprender a madurar a través de las experiencias.

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Todavía me acuerdo de  mí, con mi metro cincuenta y tres de altura de siempre, amante de los libros y el trabajo, con mariposas en la cabeza y mucha falta de experiencia en el campo de las relaciones intentando descifrar, cual operación combinada de matemática, en qué momento la relación de 2 personas se había convertido secretamente en una de 3, que parte de la película de mi relación de pareja yo me había perdido en aquel momento, cómo no lo vi antes  y cómo se podía intentar retroceder el tiempo para evitar este desenlace que generaba sufrimiento en todos los involucrados.

Image by Oldiefan from Pixabay

Cuando observaba el túnel oscuro y sin salida tras años de vivir y gestionar mal esta relación, decidí volver a terapia y le pedí desesperada a la Virgen en una oración que por favor me sacara de ahí porque yo no sabía cómo hacerlo. Hacía años que no pedía ayuda al cielo pero en ese pedido recibí toda la fuerza interior para tomar las decisiones que eran necesarias para generar un cambio de vida; justo en ese punto conocí a mi maestra María y comenzamos juntas a construir lo que apodamos mi “resurrección”; ese tumbo de banco en donde implosionan todas las estructuras que te acompañan por años, para construir las nuevas, las que llevarían a la mujer que soy hoy; aún con ese miedo pero con la comprensión de que eso tuvo que ser así para mi mayor bien y un gran despertar de consciencia.

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Los sacudones espirituales a diferencia de lo que la gente se imagina no son del color del arco iris, se presentan con fuerza, robustos e imponentes equipados para dejarte una enseñanza. Esta alarma de la vida me enseñó a renacer, a elegirme, a ser fiel a mí misma, a amarme en tiempos difíciles, como también aprender que es y que no es el verdadero amor desde una mirada más adulta.
No puedo etiquetarlo de bueno ni de malo, simplemente observo lo que ello hizo de mí y la transformación que se produjo en mi interior,  también pienso en todas aquellas mujeres que han pasado por lo mismo o similar pero que han podido como yo, resignificarlo con la fuerza del amor y el latido fuerte del corazón que más allá de lo vivido elegimos volver a enamorarnos. Brindo por nosotras, ¡buen camino para todas! ¡Las quiero!

María José Lencina Artigas

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