El avión al que nunca subí

Soy una mujer que no cree en las casualidades aunque me encuentre más de una vez diciendo:
- ¡Ay! Pero, ¡qué coincidencia!-
Los pocos años de búsqueda espiritual que tengo me familiarizaron con el término intervención divina, hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino.
Pero, ¿quién interviene? ¿Para qué? ¿Qué o quién es divino?
Hace 9 meses atrás planificaba que la semana previa a las Pascuas estaría viviendo en España por 6 meses con quien estaba en pareja, hacía dos años, en aquel entonces.
Las discusiones eran cada vez más frecuentes, la incomodidad y la distancia las acentuaban; PEEERO todo aparentaba marchar sobre ruedas; a mi mente creativa le encantaba pensar eso, resultaba más atrayente que enfrentar las banderas rojas y las alarmas que se manifestaban en forma de insomnio, dolor de cabeza, angustia, mal humor, miedo y hermetismo.
Hasta que ÉL me hizo el favor o quizás el regalo de dejarme. Me congelé, lloré, me quejé, me enojé, me entristecí, reclamé, no entendí, me enfermé y finalmente encontré la paz. ¡Si hubiera nacido montaña rusa, Disney me hubiera comprado para su parque de diversiones con la garantía de que conmigo se podía pasar por todos los estados emocionales en una sola vuelta!
En retrospectiva, pienso: ¿Quién hubiera imaginado que nueve meses más tarde habría una pandemia que nos cambiaría al mundo por completo y que no me permitiría ir? Lo que te rechaza o se aleja te protege; pero más aún te cuida una fuerza superior, la vida misma, cuando re direcciona tu destino de un soplo. Con esto me pregunto si la gente es consciente de la noción “Dios sólo quiere que vengas a disfrutar de la vida, a ser feliz y a hacer felices a los demás”. Pude sentir que es verdad.
Llamálo como quieras: sincronicidad, casualidad, causalidad, teoría del Big Bang, accidente, etc. Estaba claro que ese camino no estaba destinado a ser, pero ignoré las señales. La vida siempre te advierte primero, para luego darte a elegir como quisieras aprender una lección:
- ¿Por comprensión o por dolor? – diría mi maestra.
A veces no entendemos los misterios de Dios, tal vez la clave esté allí, en no querer entenderlo todo; no todos los sucesos tienen explicación pero sí tienen resultados contundentes en la realidad y con eso basta para seguir andando hacia nuevos rumbos.
¿Podrías responder ahora las preguntas que dejé al inicio? Las respuestas, claras como el agua.
¡Felíz cuarentena! Paz y Alegría.


Wauuuu lejos un excelente artículo amiga hermosa !!! Los últimos dos años fueron de aprendizajes fuertes para ambas y siempre me acompañaste . Dejar a Dios ser Dios con la confianza y la fe ciega que siempre es lo mejor , y que siempre lo que esté adelante será mejor aún .
Dejar a Dios ser Dios me encantó esa frase gracias por leerlo. Te quiero mucho!
Excelente reflexión. Gracias por compartir tu experiencia. Un abrazo.